Cultura

Las profecías del Apóstol

20 Junio, 2017

Por Eladio Guillermo Hernández Rivera

Unir hombres es integrar conciencias, crear estatura moral, capacidades de autocontrol ante obstáculos, violencias, contradicciones, odios y codicias. Dar garantías superiores al bienestar de todos. Es estabilidad, previsión y disposición para renovar lo espiritual y material, lo institucional o personal, oportunamente. Es iluminar y crecer.

 

Por Eladio Guillermo Hernández Rivera

 

José Martí en el Parque Central de La Habana. Foto de Yoandy Izquierdo Toledo.

 

“La unidad de pensamiento, que de ningún modo quiere decir la servidumbre de la opinión, es sin duda condición indispensable del éxito de todo programa…”1

Unir hombres es integrar conciencias, crear estatura moral, capacidades de autocontrol ante obstáculos, violencias, contradicciones, odios y codicias. Dar garantías superiores al bienestar de todos. Es estabilidad, previsión y disposición para renovar lo espiritual y material, lo institucional o personal, oportunamente. Es iluminar y crecer.

Dios siempre ha sido un inconsciente paradójico de unidad para el género humano. Acompañante manifiesto en toda cultura, en los diversos caminos del Hombre. Doquier la conciencia se ha planteado una visual integradora, una visión holística propia o un concepto unificador del Universo. La búsqueda y reconocimiento de verdades absolutas siempre implican el ánimo de unirse a algo más enaltecedor:

“…es la suprema conciencia, la suprema voluntad, y la suprema razón…”2

Escribía en sus apuntes el joven Martí, entre los contrastados imaginarios que convergían en la Cuba Colonial de finales del siglo XIX. En sus búsquedas de la verdad, como asiste a cada ser humano, halló esa espiritualidad amplia, que finalmente ha devenido patrimonio, tradición, perspectiva y ordenamiento de su pueblo. Peculiar fe, génesis, primer paso, seguramente, que iluminó su descalificación a toda parcialidad, y forjó la leyenda fiel que acuña todas sus cartografías de libre pensador, expandidas hoy a todo el tiempo de sus profecías3:

“…leen desde la plataforma en alemán y en inglés dos hombres de frente ancha y mirada de hoja de Toledo4, las resoluciones con que la junta magna acaba, en que Karl Marx es llamado el héroe más noble y el pensador más poderoso del mundo del trabajo. Suenan músicas; resuenan coros, pero se nota que no son los de la paz…”5

 

Innumerables añoranzas o vivencias forzosas, laten en muchos corazones ante estas palabras, que parecen dictadas desde un proscenio, aunque, por esta vez, emanan de un hermoso artículo de aquel niño buscador de verdades devenido hombre al tiempo. De un Martí, que no ceja en su capacidad de sorprendernos con su inigualable maestría, tanto en el arte de renovarse, como de revivirnos, ética y estéticamente en cada nueva ojeada a su magisterio.

Nada mal haríamos en pagar promesas, en releer y analizar también algo de su prosa, en salirnos un poco del “Ismaelillo”, los “Versos Sencillos” y “La Edad de Oro”. No solo en su poesía son palpables esos sutiles arabescos del simbolismo que Martí impregnó, como un pedazo de su alma, a cuanto hizo.

Aquel artículo en todo su contenido aún sigue girando en torno a la prominente personalidad de Karl Marx, su vida, obra y significados en diferentes contextos. Algo que queda claramente sugerido desde el primer renglón: “Puestos en haz los sucesos de este mes, requerirían el brazo de un cíclope6 para levantarlos:…” Acto seguido se abren ante nuestros ojos puertas de luces y sombras por las que a la postre se nos hará posible apreciar, la semblanza martiana del autor de “El Capital”.

De par en par vemos mezclarse y contraponerse sucesos reales e imaginarios, significativos material o espiritualmente, como una especie de diálogo simbólico con el sabio alemán. Eventos fatales del momento, que contrastan con la cara opulenta de la vida citadina, visualizando la diversidad de contextos y seres que habitarían la generalizadora teoría del “Moro”, aunque, jamás le llama de esa manera. Martí se las ingenia para dar la palabra a personajes muy significativos, amigos simbólicos de Marx, como Bakunin, difunto en aquel momento. Recrea los diversos rostros que concurren en el mundo del trabajo. Termina conformando su visión, incluso del velorio en Inglaterra, que describe como si estuviese el mismo Martí presente allí, y no en Nueva York, como ocurrió en la realidad, como si pudiese verle y hablarle, narrarle todo esto directamente a Marx en su presencia, sin ninguna mediación.

Un relato que desde el punto de vista científico pudiera hoy resultar ampliamente descalificado, que difiere sustancialmente de todas las demás fuentes históricas, logra sin dudas lo que ninguna otra versión; hace un reflejo tan íntegro y fiel que impresiona a la distancia de más de 100 años. Trascendente de lo que generalmente se acepta como “realidad” objetiva o científica, su versión resuena hasta en los detalles de la ritualidad persistente de la religión secular mejor conservada. Accede a esencias que logran con creces sus objetivos de forma suficiente e incensurable, demostrando la superioridad de su arte vital ante ciertas formas de hacer ciencia.

La simbología empleada por Martí adquiere un rol protagónico, importantísima, destaca una “mano férrea” compartida entre Marx y un “pugilador”, objeto de ceremonias injustificadas, índice de una violencia injustificable y diferente solo en forma. Mientras “por la otra puerta” contrapone lo que ocurre a la muerte de un poeta, se quiso ver a sí mismo en cierta igualdad con Marx, se imaginó ya muerto para, sin romper el equilibrio de la igualdad, significar sus diferencias, en cuanto a concebir la vida como un amasijo de conflictos de poder, o de amor; y en cuanto a las alternativas de solución, entre vencer o convencer, pues una misma tarea se ennoblece o marchita entre esos “detalles”.

Todo se narra en tal híbrido paralelismo que “Puestos en un solo haz” no deja la mínima duda del significado íntegro del conjunto, ni del equilibrio de pensamiento, ni de la capacidad profética del Apóstol.

Esta es una de tantas creaciones martianas en las que la máquina del tiempo parece detenerse, bloqueada entre escenas y poemas:

No entre palacios ni en placeres hallo

Rincón más dulce que mi humilde hogar:

Un encanto del cielo allí desciende

¡Que palacio o placer no dan jamás!

¡Hogar! ¡Hogar!

Ah!, no hay lugar como mi dulce hogar!

 

¡Nada al ausente de su hogar deslumbra!

¡Dadme mi choza! -el pajarillo aquel

Que cantaba a mi voz- y la muy cara

Paz de la mente, dádmela otra vez!

¡Hogar! ¡Hogar!

Ah!, no hay lugar como mi dulce hogar!7

 

Circunstancias que dialogan, que impiden la mínima abstracción a la contemporaneidad, en la que podemos imaginar de cuán buen grado seguirá respondiendo desde su pasado-futuro el incansable Maestro:

¿Serían aún “proletarios”, los seres capaces de sacar mayor provecho a los saberes de Marx?

¿El proletario todopoderoso no terminaría creando sus nuevos ricos y desplazados?

¿Acaso Marx propone una simple alternancia en el rol hegemónico en lugar de liquidar de una buena vez la hegemonía como lastre del género humano?

¿No quedarían los diversos niveles y ámbitos de la sociedad humana convertidos en perpetuos campos de batalla gracias a esas teorías?

¿Somos los seres humanos esos eternos batalladores dominados por el interés material sin amor, ni espiritualidad?

Martí, ya absuelto por la historia de un largo siglo, inefable en el tiempo, sigue, paciente respondiendo desde aquel artículo, entre hechos y códigos de su arte vital que sobrevoló los fastuosos poderes del mediatismo, la intelectualización, y la censura.

Demostró con mayor previsión y profundidad, conocer las sutilezas del alma llena de buenas intenciones y de las más diversas maneras de engañarse, para redundar en apologías a la parcialidad consumista del prójimo, de su paradigma, de su avatar, arrastrando tras sí toda razón, pensamiento, ciencia o religión.

Su vida desde niño le había llevado a sentir en carne propia el significado de esas tendencias irracionales a perpetuar, imponer o globalizar saberes, o buenas intenciones, propios, de “adoración” a Dios, a la justicia o al capital. A todos, o a ambos inclusive, por separado o a la vez.

La exactitud de sus milagros parece resonar en el tiempo ante cada nuevo peregrino o penitente que acude a Santa Ifigenia. Como atestiguamos los habitantes de su profecía: la metamorfosis que predijo para el Mundo, hoy lleno de espacios cada día más polarizados, donde los apuros tradicionales han pasado a resolverse entre coaliciones, al son de una proclama: “Proletarios de todos los países, uníos”, oída no solo por los más vulnerados de cada sacrificio, sino por los que a partir de entonces, comenzaron a sentirse vulnerables también.

Hartamente sufrimos el desbordamiento de sus lógicas de poder, hasta en los resquicios más recónditos de nuestras relaciones humanas: en nuestras casas, familias, hijos, trabajo, iglesias, estados, mundo; doquier generalizando, extrapolando, desatando heridas incurables… sin diálogo, amor, sacrificio, libertad de pensamiento y mucha fe.

Las “diferencias” de Martí con las ideas de Marx, que siguieron apareciendo después de 1883, más directamente planteadas en otras publicaciones: “…Cada pueblo se cura conforme a su naturaleza, que pide diversos grados de la medicina, según falte este u otro factor en el mal, o medicina diferente. Ni Saint-Simon, ni Karl Marx, ni Marlo, ni Bakunin. Las reformas que nos vengan al cuerpo…”8 Son criterios completamente invisibles aún en Cuba, a pesar del intenso trabajo investigativo de varias instituciones gubernamentales o no, dedicadas al estudio de la vida y obra del Apóstol, de las ciencias sociales y humanísticas.

La institucionalidad tampoco “escapa” a las profecías. Increíble, haber previsto tantas cosas, con tanto rigor, con lujo de arte y detalle, prever las causas raigales de una violencia institucionalizada que le sobrevendría, tan después:

“Bribón mayor que Elliott no lo había en la cristiandad; pero de un golpe de puño sacaba a un hombre la vida del pecho… El funeral parecía el de un héroe. Las calles no eran de adoquines, sino de cabezas. En el ataúd yacía un gigante. Rompía la marcha un carro lleno de coronas de flores. Dijérase, al ver tal muchedumbre, que se había cuajado el aire en cuerpos humanos. Seis caballos llevaban el carro. Milla en torno cubría la concurrencia cuando fue el muerto bajado a su fosa. Tiene este mundo tenebroso de peleadores y gente de vicio su Código de honor, y su literatura y sus teatros.”

 

Martí alertó cierto “andar en la sombra” entre los modelos de prácticas mediáticas del marxismo. La generación de una semiosfera enrarecida, un mundo aparte, una cultura al margen, por no decir marginal, de los valores universales, donde no caben ni Martí, ni el obrero:

…Los hay de frente estrecha, cabello hirsuto, pómulos salientes, encendido color, y mirada que ora reposa, como quien duda, oye distintos vientos, y examina, y ora se inyecta, crece e hincha, como de quien embiste y arremete: son los pacientes y afligidos, que oyen y esperan… De unos no se ve más que el diente. Otros, de voz ungida y apariencia hermosa, son bellos, como los caballeros de la Justicia…”

 

“… La multitud, que es de bravos braceros, cuya vista enternece y conforta, enseña más músculos que alhajas, y más caras honradas que paños sedosos. El trabajo embellece. Remoza ver a un labriego, a un herrador, o a un marinero. De manejar las fuerzas de la naturaleza, les viene ser hermosos como ellas…”

 

Debía diferenciarlo de esos “otros” obreros en quienes no resultan legibles las huellas del trabajo: “…Los hay de frente ancha, melena larga y descuidada, color pajizo, y mirada que brilla, a los aires del alma en rebeldía, como hoja de Toledo, y son los que dirigen, pululan, anatematizan, publican periódicos, mueven juntas, y hablan…” en los que al Profeta no escapa una especie de “alter endótico” de la “clase obrera” en pleno proceso de gestación y globalización. Prácticamente, se puede optar por la “mano férrea”, del “pugilador”; o por la “mano blanca” con que “ha de edificarse el porvenir”. El Apóstol nos deja ver todas las alternativas. La honestidad no debería permitir tomar ambas manos a la vez.

Entre alternativas también ha devenido del legado de Marx, teóricamente, algunas fuentes lo constituyen como fundamento de la sociología estructuralista occidental, corriente que se expande hasta los bloques de Huntington en duro “clash” de civilizaciones. Otras como una teoría emancipadora de la “clase obrera”. El cerebro de cualquier cuerdo no debería permitir tanto disparate.

Pero en los libros, artículos, periódicos, TV e Internet, cuídese mucho, que ¡cualquier cosa puede ser!

 

Referencias

1José Martí-ECOCFD-CEM. *(*Ediciones Críticas de las Obras Completas en Formato Digital). La Habana. Patria. 30 de abril de 1892 “Generoso deseo”.

2José Martí-ECOCFD-CEM. La Habana Cuaderno de Apuntes 01. Donde es posible apreciar las tempranas búsquedas y hallazgos espirituales de Martí y sus criterios sobre la Iglesia Católica en el contexto de las crisis de secularidad del siglo XIX.

3Véase en www.convivenciacuba.es en los números de febrero y marzo de 2017 los artículos “El alma del Martí verdadero” y “Los códigos del Ismaelillo” de los mismos autores, en análisis sobre la espiritualidad de José Martí, hechos e interpretaciones que amplían sobre la síntesis de los párrafos anteriores.

4El acero de Toledo aún célebre por su uniformidad, dureza y flexibilidad, se usó ampliamente en espadas y otras armas, es uno de los signos claves fundamentales para entender el artículo de referencia.

5José Martí-ECOCFD-CEM. La Habana. “Al Señor Director de La Nación”. Nueva York 29 de marzo de 1883.

6Personajes de la mitología griega, generaciones de gigantes de un solo ojo, célebres fabricantes de armas para los dioses, es signo de parcialidad y servicio al poder.

7Poema citado por Martí en el texto original del artículo de referencia principal, Ídem No. 5.

8José Martí-ECOCFD-CEM. La Habana. Carta al Director de La Nación. Nueva York, enero 9 de 1890.

Eladio Guillermo Hernández Rivera (La Habana, 1963).

Ingeniero Aerofoto geodesta, graduado en Novosibirsk, antigua URSS.

Ha trabajado en el Contingente “Blas Roca Calderío”, en los Órganos de la Administración del Poder Popular en Ciudad de

La Habana, Artemisa y Mayabeque y en la empresa GEOCUBA.

Actualmente se dedica a la investigación y al trabajo por cuenta propia.

Participó en el evento del Centro de Estudios Martianos en La Habana bajo el tema “Martí y la Espiritualidad” del año 2008 y en abril del año 2016, y ese mismo tema en el Museo Fragua Martiana, bajo el tema: “Martí y el Mundo Árabe”.