Ciudadanía

CUBA Y América LATINA: ENTRE LA MANIPULACIón POPULISTA Y LA SEDUCCIón DE LA VERDAD Y LA LIBERTAD

Dagoberto Valdés Hernández | 11 Diciembre, 2018

CONGRESO DE LA CULTURA DE LAS REGIONES. NOWY SACZ, POLONIA. 16-18 DE OCTUBRE DE 2018

Dagoberto Valdés Hernández durante su Conferencia en el Congreso, con la corbata tradicional de la región de Malopolska. Foto de Archivo.

Agradezco a los organizadores del Congreso de la Cultura de las Regiones que me hayan invitado a ofrecer mi testimonio cristiano en el contexto de Cuba hoy. He vivido siempre dentro de la Isla del Caribe y desde hace 25 años trabajo en dos proyectos de educación y creación de pensamiento: el Centro de Formación Cívica y Religiosa (1994- 2007) y el Centro de Estudios Convivencia (2007-2018…) y soy fundador de dos revistas socioculturales pertenecientes a esos centros: la revista Vitral y la revista Convivencia (www. centroconvivencia.org). Por ese compromiso cristiano fui castigado a trabajar en el campo recogiendo “yaguas”, vaina de la hoja de la palma real, en una carreta tirada por un viejo tractor. Todo lo ofrecía por Cuba, su Iglesia y su libertad.

El tema del Congreso de la cultura de este año es la Seducción. Por eso les propongo una reflexión desde el testimonio de un hombre de Iglesia que ha sufrido desde muy joven la persecución, pero que por la sola Gracia de Dios y el acompañamiento de la comunidad católica, he podido perseverar en el empeño de trabajar en la síntesis vital entre fe y cultura, donde sin dudas se juega el destino de la humanidad. He dedicado toda mi vida a trabajar, como laico católico cubano, para promover en Cuba lo que expresara san Juan Pablo II en la UNESCO:

“Si la cultura es aquello a través de lo cual el hombre, en cuanto hombre, se hace más hombre, en ella se juega el mismo destino del hombre. De ahí la importancia que tiene para la Iglesia, como responsable de ese destino, una acción pastoral atenta y

clarividente respecto a la cultura, especialmente a la llamada cultura viva, es decir, el conjunto de los principios y valores que constituyen el ethos de un pueblo: “La síntesis entre cultura y fe no es solo una exigencia de la cultura, sino también de la fe… Una fe que no se hace cultura es una fe no plenamente acogida, no totalmente pensada, no fielmente vivida” como decía el 16 de enero de 1982”(Discurso a los participantes en el Congreso Nacional de Movimiento Eclesial de Compromiso Cultural).

Para trabajar en Cuba, un país que ha sufrido un sistema totalitario durante 60 años, es necesario cultivar una profunda espiritualidad basada precisamente en la relación íntima y constitutiva entre la fe cristiana y las “semillas del Verbo” inscritas en cada cultura. La suerte de los profetas cristianos del siglo XX y XXI no es diferente a los profetas del Antiguo Testamento. Doy fe de que frente a la mejor buena voluntad, a las mejores intenciones del compromiso cristiano, a los mejores empeños de desarrollo humano integral y búsqueda de la prosperidad y la felicidad de nuestro pueblo, hemos recibido como respuesta la sospecha, la discriminación y la persecución.

¿Cómo hemos podido perseverar? ¿Cuál ha sido nuestra mística? ¿Dónde radica nuestra dinamo interior? ¿Por qué el sistema comunista no pudo borrar para siempre en Cuba ni la primigenia cultura cubana ni la religión, ni ha podido secar del todo la espiritualidad de la Nación?

Hemos podido ser fieles porque nos hemos dejado seducir por el esplendor de la Verdad, por la Belleza de Su Rostro, por la Bondad de Su Corazón, rico en Misericordia. Nos hemos dejado seducir por la plenitud de la libertad de los hijos de Dios.

Jesucristo, el mismo ayer, hoy y siempre, es la respuesta a todas nuestras interrogantes y el sentido de todos los actos de nuestra vida. Jesucristo nos ha seducido por su entrega en la cruz, por su Resurrección a una vida nueva.

Entre la manipulación populista y la seducción de la verdad y la libertad

En Cuba, como en los demás países donde se han instaurado los totalitarismos y los populismos de hoy, vivimos asediados por la seducción de la mentira. En efecto, esa seducción se expresa por una abismal brecha entre el discurso y la realidad, entre la semiótica y la política, entre lo que se piensa y lo que se dice, entre lo que se dice y lo que se hace. La creación de un lenguaje engañoso y vacío favorece una especie de teatro existencial en el que el poder asume un rol paternalista y protector y los ciudadanos se acostumbran a lo que llamamos en Cuba “cultura del pichón”, que espera en el nido a que le traigan su alimento y nunca aprenden a volar.

El Estado paternalista usa la seducción de la vida en la mentira para establecer una cultura de la manipulación y la dominación espiritual, para ello se vale de procesos de seducción entre los cuales podemos mencionar:

1.“La seducción de la seguridad” que canoniza “ex cathedra” de una verdad de masas, que servirá para dar falsas seguridades apocalípticas. Los espíritus vulnerables necesitan que las seguridades les vengan dadas desde el exterior. Es una subordinación heterónoma que se acostumbra al infantilismo ciudadano, una especie de subordinación a cambio de seguridades. Esta “seducción de la seguridad” induce un miedo ignoto a cualquier cambio que traiga consigo incertidumbres fuera del “credo estatal” o desestabilización de las “verdades” aprendidas. Esta seducción exige fidelidad a la religión secular.

2.“La seducción del saber”. Los que “saben” y dictan la verdad de las masas demonizan la diversidad, la discrepancia y el pluralismo. Es una especie de maniqueísmo político contemporáneo en que la sociedad es dividida entre la luz de la verdad de las masas y las tinieblas de los que disienten. Se establecen dos castas sociales: los “elegidos” y los “oyentes”. Es decir, los que tienen la palabra y el mando, y los que están para escuchar y obedecer. Esto produce una especie de “seducción del saber”. Esta seducción exige la unanimidad y el seguimiento a los que saben, los elegidos, los iluminados.

3. “La seducción del tener”, esos cantos de sirena que nos invitan a consumir más, porque el que más tiene tendrá más oportunidades de ser más feliz. Los viejos y nuevos materialismos reducen la vida humana a la consecución de las cosas, de lo externo, de los goces corporales sin alma. Produce la vaciedad de la existencia humana, la pérdida del sentido de la vida y el bloqueo de toda trascendencia.

4. “La seducción de la palabra”. Son las promesas de un “reino” que vendrá sobre la tierra en la que se logrará la igualdad descendente, la justicia distributiva total, la libertad de todas las alienaciones y de la explotación del hombre por el hombre. Es la visión utópica de un paraíso terrenal que solo se logrará con la lucha de clases y unanimidad del pensamiento. La palabra que jamás se cumple mantiene seducidos a los que gastan su vida buscando fuera lo que tienen dentro, esperando de la técnica lo que solo puede dar la ética, creyendo que la dimensión inmanente es suficiente y no necesita de la Trascendencia, confiando en que los demagogos son mesías y en que el Reino de los cielos puede ser alcanzando “asaltando el cielo” en esta tierra. Es el reino de los demagogos y las demagogias que van en proceso inverso de la encarnación de Jesucristo: mientras en el Principio era el Verbo y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn.1.1-10). La vaciedad de la demagogia es una de las seducciones más tentadoras del mundo actual.

5. “La seducción de la imagen” es una de las características de estos tiempos. Lo que vale es lo que entra por los ojos del cuerpo, aunque sabemos, como dice Saint Exupery “que lo esencial es invisible a los ojos”. La imagen es, en sí misma, inocua, pero vivir de la imagen, vivir para “lo que se ve”, actuar por las apariencias, es uno de los engaños de la seducción de la imagen.

6.“La seducción de las nuevas tecnologías y las redes sociales”. No se trata aquí de desconocer las ventajas de la comunicación de las nuevas tecnologías, la democratización que trae a la sociedad contemporánea, la participación ciudadana, la información cuando es veraz, la convocatoria para el bien, la mundialización de la amistad y las comunicaciones inmediatas. Se trata de no dejarse seducir de tal forma por las nuevas tecnologías que nos desencarnemos de la realidad inmediata, nos desconectemos de la comunión interpersonal, grupal y social. Se trata de una pandemia mundial que convierte a un móvil en la “pareja de hecho”. No se habla con las personas, no se establecen lazos afectivos interpersonales, no se dialoga con el diferente, solo se comparte “lo que me gusta”. Se ataca y ofende desde el anonimato y la fría pantalla falsamente lumínica, no luminosa. No se escucha mirando al rostro, sino a una pantalla táctil; no se abraza, se “sigue” en las redes de la despersonalización. La cercanía del “otro” se convierte en la lejanía de una foto en Instagram o en un “postureo” en Facebook.

7. “La seducción del poder”. Esta es la más vieja y perseverante seducción. El poder seduce, corrompe y vacía el ethos de personas y partidos. El poder es para servir, el servicio requiere entrega personal y mucha generosidad que solo puede generarse desde motivaciones profundas que le den sentido a la entrega sacrificada. Sin embargo, el poder para dominar y subyugar, seduce con la satisfacción del ego individualista que produce en el egoísta una falsa satisfacción de su necesidad de “sentirse poderoso”, de “ejercer la dominación” sobre los demás, de creerse merecedor de los “primeros puestos” para explotar a los demás, pero sobre todo, para “creerse los mejores”, “sentirse superiores” y exigir no solo obediencia externa sino sumisión del espíritu.

8.“La seducción de la post modernidad”. Por último, y como una seudo-cultura invasora, la contemporaneidad se hace llamar a sí misma por boca de los falsos profetas como la nueva era, la “new age” con cambios de paradigmas, nuevos modelos de vida, inversión de los valores determinantes; es decir, la seducción de la post modernidad susurra al oído de los millennials que ese estilo de vida deconstruido y desintegrante, debe convertirse en la nueva cultura dominante. Aún más, esta seducción cultural se erige como tendencia hegemónica excluyente que condena a la categoría “demodé” todo lo que haga referencia a raíces identitarias, herencia cultural, culturas locales, primigenias o aborígenes. Todavía más, rechaza como rancio y superado todo sistema de ideas estructurado, toda religión con una comunidad y estructuración doctrinal y jerárquica. La libertad es convertida en espontaneidad, en sensaciones individualistas. Al compromiso se le llama romanticismo y se abre el alma para que se hunda en el “pasotismo”, es decir, la indiferencia, la desconexión de la comunidad. La seducción de la post modernidad conduce directamente a la anomia social: esa patología de nuestras sociedades que viven en la indiferencia.

“Me dejé seducir”: “la verdad os hará libres” (Jn 8,32)

Esta es la actitud clave de este tema. “Me dejé” expresa el ejercicio de la libertad interior del que es seducido. Expresa también una relación mística entre el seductor y el seducido. Nada que ver con la vaciedad y la externalidad de las seducciones sucedáneas que hemos mencionado anteriormente.

En su memorable encíclica Veritatis splendor el Papa san Juan Pablo II resume esta tragedia de la falsa seducción así: “abandonándose al relativismo y el escepticismo, busca una libertad ilusoria fuera de la verdad misma. Los problemas humanos más debatidos y resueltos de manera diversa en la reflexión moral contemporánea se relacionan, aunque sea de modo distinto, con un problema crucial: la libertad del hombre”(V.S. 31). De aquí podemos constatar que abundan las corrientes de pensamiento que separan la libertad humana de una relación con la verdad, y que cuestionan la validez de la ley natural inscrita en el interior de cada persona humana, como referencia y raíz original de toda moralidad.

El santo pontífice polaco expresa la inseparable relación entre la libertad y la verdad:

“La libertad del hombre, modelada según la de Dios, no solo no es negada por su obediencia a la ley divina, sino que solamente mediante esta obediencia permanece en la verdad y es conforme a la dignidad del hombre, como dice claramente el Concilio: «La dignidad del hombre requiere, en efecto, que actúe según una elección consciente y libre, es decir, movido e inducido personalmente desde dentro y no bajo la presión de un ciego impulso interior o de la mera coacción externa” (V.S. 42).

En Cuba es necesario fomentar la búsqueda de la Verdad, que existe más allá de nuestras pequeñas verdades subjetivas. Es la forma de sanar nuestra tendencia al relativismo moral y a lo que el Papa Francisco enseña como “la mundanidad que nos pudre”. Las sociedades post totalitarias deben emprender este largo camino para salir del marasmo ético que pudre la bondad, la belleza y la verdad sobre el hombre.

¿Cuáles serían las estaciones en el largo camino para dejarnos seducir por la verdad y la libertad?

El camino para “dejarnos seducir” por el esplendor de la Verdad debe recorrer ese itinerario espiritual que santa Teresa de Jesús llama “Castillo interior”. Podríamos proponer unas moradas para escapar de la tentación de las falsas seducciones y avanzar en el proceso de abandonarnos libremente a la seducción del Trascendente:

1. Ante la “seducción de la seguridad” la primera “morada” interior es abandonarse libremente en el regazo de Dios, aún sin entender, sin ver, sin escuchar, con los oídos y los ojos de este mundo. La seguridad de Dios es el abandono en sus manos con la confianza del niño que se acurruca en el seno de su madre, recordando siempre aquella enseñanza: “¿Puede una mujer olvidar a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Aunque ellas se olvidaran, yo no te olvidaré. He aquí, en las palmas de mis manos, te he grabado; tus muros están constantemente delante de mí….” (Is 49,15-16).

2. Ante la “seducción del saber”. La segunda “morada” para dejarnos seducir es apuntarnos en la escuela del discipulado, porque solo en la actitud de sacar de dentro de nosotros, que eso es educar, “educere”, podemos aprender a leer en nuestra conciencia esa ley natural que el Creador ha grabado en nuestro corazón como la única imperecedera declaración de amor, con el sello de su imagen y semejanza.

3. Ante la “seducción del tener”, la tercera “morada” para dejarnos seducir es descubrir el valor de la perla de Reino por la cual se vende todo lo que se tiene y se compra aquella perla fina. (Cf. Mt 13,44–46). En esta morada aprendemos a relativizar las riquezas de la mundanidad y a organizar una escala de valores en que todo se vende por la inefable alegría de haber encontrado la perla más fina y el tesoro más duradero. Así lo enseña Jesús: “No acumulen tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre las destruyen, donde los ladrones perforan paredes y roban. Acumulen tesoros en el cielo, donde no roe la polilla ni destruye la herrumbre, donde los ladrones no abren brechas ni roban. Pues allí donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón.”(Mt 6,19-23).

4. Ante la “seducción de la palabra”, con las promesas de un “reino” que vendrá sobre la tierra la cuarta “morada” sería encarnar en nosotros mismos “al Verbo que se hizo carne y habitó entre nosotros”. Ante la demagogia que desarraiga la palabra inmanente de la realidad que vivimos, el estupor luminoso del misterio del Dios que “a pesar de su condición divina no hizo alarde de su categoría de Dios sino que se rebajó haciéndose un hombre cualquiera hasta someterse a la muerte y una muerte de cruz”. Ese abajarse por amor nos enamora y seduce. Por eso, dice san Pablo a los Tesalonicenses, “Dios lo levantó”. Dios nos levantará del abismo de la demagogia populista hasta acompañarnos a una cultura “sobre todo nombre” en la que toda lengua, es decir, toda cultura regional o primigenia, “proclame que Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre”. Esta proclamación solo es posible en la cuarta morada de la seducción cuando somos levantados del nihilismo existencial y de la desintegración de la convivencia fraterna.

5. Ante la “seducción de la imagen”, la quinta “morada” es dejarnos seducir por la “Imagen del Dios invisible”. Es vivir la misma actitud de los discípulos de Jesús que solo piden: “queremos ver al Señor”. Esa búsqueda interior de la Imagen del Trascendente nos conduce no hacia ningún monte de imágenes o templos de la imagen exterior y pasajera, nos guía hacia nuestro castillo interior y allí encontraremos la sorpresa y el gozo inenarrable de comprobar que nuestra imagen interior es “genéticamente” (del Génesis 1) una semejanza del Rostro del Creador. Entonces la seducción de la Luz de la Verdad se convierte en acción de gracias por haber “visto” con los ojos del alma que buscando el Rostro de Dios es la única forma de encontrar nuestra imagen verdadera, nuestra identidad originaria. Ese viaje a lo que verdaderamente somos, es como si asistiéramos a nuestro propio nacimiento, por ello es que Jesús dice a Nicodemo: “Es necesario que nazcas de nuevo”. Es el alumbramiento de nuestro mapa genético espiritual. Es la iluminación que relativiza el falso deslumbramiento de las imágenes exteriores que nos encandilan y nos enceguecen.

6. Ante la “seducción de las nuevas tecnologías y las redes sociales”, la sexta “morada” nos conduce a la vida en comunidad de hermanos. En la comunicación de la oración, nos dejamos seducir por el “qué bueno se está aquí” del monte de la Transfiguración en la que lo primero que se nos ocurre es “construir tres tiendas”, una para cada uno, pero las tres alrededor del Fulgor del Resucitado. Nos surgen ganas de “quedarnos con Él”, y de darle nuestro “like” para siempre; y sobre todo el de salir de nuestros aislamientos y “compartir”, darle un “Share” a la confraternidad universal.

7. Ante la “seducción del poder”, la más vieja y perseverante seducción. Debemos dejar que el Espíritu nos conduzca al desierto con Jesús y aprender de Él su respuesta a la seducción del Demonio que le brinda todos los reinos de este mundo y “su esplendor” si postrado le adorara. Así que la seducción del poder se relaciona con la del tener y exige la total postración del espíritu para obedecer al Príncipe de las Tinieblas, al Padre de la Mentira. La respuesta de Jesús nos seduce: “¡Vete, Satanás! Porque escrito está:“Adora al Señor tu Dios y sírvele solamente a él”. Entonces el diablo lo dejó, y unos ángeles acudieron a servirle” (Mt 4,1-11).Es el triunfo del esplendor de la Verdad frente al esplendor de los reinos mundanos. Ese esplendor es el único que nos seduce para que si nos eligen para algún tipo de poder lo utilicemos para servir. Servir es reinar. Es la seducción del esplendor del “Siervo de Yahvé”.

8. Por fin, ante la “seducción de la post modernidad”, ante esta seducción seudo cultural, la última “morada” del proceso de la seducción de la verdad es el abandono de uno mismo para que el Otro viva en mí. Es la entrega amorosa y fiel del “ya no soy yo quien vive, sino es Cristo el que vive en mí”. Es la seducción de una forma de vida en la entrega sacrificada y gozosa. Es una forma de vivir contracorriente o contracultura dominante, con sus persecuciones, descalificaciones y burlas. Pero ya a esta altura no se trata de preservar una vida falsamente seducida por la dictadura de las mayorías, de las tendencias posmodernistas, de la globalización de la vaciedad y el egoísmo, el que gana este estilo de vida “la perderá” y el que pierda este tipo de vida manipulada por las seducciones de la vida en la mentira, “la ganará”. Así de claro nos lo dice Jesús:

“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. Pues ¿qué provecho obtendrá un hombre si gana el mundo entero, pero pierde su alma? O ¿qué dará un hombre a cambio de su alma?” (Mt 16,24-26).

Comparto, humildemente con cada uno de ustedes, este mi testimonio y experiencia personal. No les hablo de teorías o libros de mística de siglos, les hablo de mi pobre y rica vida, en un pueblo de Cuba, Pinar del Río, la más occidental provincia cubana.

Cumplo con profundo gozo el mandato del santo papa polaco con un proyecto educativo y un think tank de Convivencia pero, sobre todo, trato de cumplirlo dando testimonio de que:

Es posible en medio de una sociedad post totalitaria y materialista, descubrir la Luz del Rostro del Creador que es el seductor esplendor de la Verdad.

• En la sociedad en la que vivo se oyen cada vez más los cantos de sirena que querían desviar a Jonás de su misión en Nínive por miedo a anunciar otro “sentido de la vida”; pero que también hay un “resto fiel” profético y encarnado. Por la seducción de la Verdad y con la libertad de los hijos de Dios, he optado por permanecer en Cuba cuando muchos optan por marcharse, he resistido con alegría las persecuciones y segregaciones por causa de mi condición de cristiano y hombre de Iglesia, gracias a que he comprendido “en Quien me he confiado”.

• Sobre todo, tengo que decir con el corazón y con toda mi alma que he experimentado y estoy viviendo hoy mismo en mi vida el significado profundo de lo que significa “El que pierda la vida, la ganará”. Humanamente, según el sentido de la mundanidad, he perdido la vida que ambicionaría cualquier persona solo por haberme sembrado Dios en un país comunista durante 60 de mis 63 años. Todo lo poco que he sido y he podido hacer ha sido seducido por la fe y el seguimiento de Jesucristo. Todo hasidoporÉl,conÉlyparaÉl.Yesodaun inconmensurable gozo interior que se contagia.

• Y quiero terminar diciendo que “El Señor me ha seducido y me he dejado seducir” y por esa seducción gradual he tenido la gracia inmerecida de poder transitar por esas “moradas” que he enunciado parafraseando a las místicas de la Santa de Ávila y de Jesús.

Por todo ello, declaro que soy feliz, he sido y soy plenamente feliz.

Muchas gracias.

 


  • Dagoberto Valdés Hernández (Pinar del Río, 1955).
  • Ingeniero agrónomo.
  • Premios “Jan Karski al Valor y la Compasión” 2004, “Tolerancia Plus” 2007, A la Perseverancia “Nuestra Voz” 2011 y Premio Patmos 2017.
    Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007.
    Fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” desde 1999 hasta 2006.
    Trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años.
    Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia y su Director.
    Reside en Pinar del Río.