Ciudadanía

CUBA QUIERE SER LIBRE

Ángel Marcelo Rodríguez Pita | 23 Octubre, 2018

Complejo de esculturas del Monumento al Holocausto. Miami, Florida. Piezas del escultor Ken Treister, 1989. Foto de Yoandy Izquierdo Toledo.

Es bien cierto que la patria es sagrada, no se discute el derecho de cada hombre a tener una patria libre. En cambio, el artículo 5 del Proyecto de Constitución, reconoce al PCC como único partido político en la nación.

La patria y el país son comunidad de intereses y tradiciones, en la que corrresponden dos elementos diferentes: el de la afectividad (el ideal) y el de la racionalidad (la realidad).

La nación descansa en la conciencia de la existencia de una comunidad de intereses en la sociedad (y no una combinación), pero acá se observa la confusión del Estado-Nación por Estado-País, esta última establece la dependencia de los ciudadanos a una opción política para resolver los problemas sociales.

En una sencilla nota que redactara Martí, meses antes de su muerte, reiteró su concepción humanista.

“Patria, es humanidad (…) y ni se ha de permitir que con el engaño del santo nombre se defienda a monarquías inútiles, religiones, ventrudas o políticas…” (José Martí, 1895).

o puede trasmitirse la idea de una patria socialista, que no coexiste con los intereses de las comunidades de cubanos (presentes en el exterior e interior del país) que dan vida a la nación.

Las tablas de la ley de la República de Cuba, no han de ser reveladas u otorgadas, sino elaboradas por todos los cubanos, y como obra de todos, recogerá la esencia de su pueblo.

Con la prudencia que la discreción recomienda, podemos visualizar las líneas económicas de este renacer, cuya faz social y política proponemos:

•Desarrollo de la agricultura: mejoramiento de los suelos, renovación de las técnicas, diversificación de los cultivos alimentarios e industriales, apoyo a la ganadería, repoblación forestal. Ni monoproducción, ni monoexportación.

•Modificación de las estructuras agrarias: repartición más justa de la tierra según capacidad de explotación, para reforzar la propiedad familiar, liberación completa y real de la mano de obra.

•Promoción de redes de comunicación y medios de transporte: vías férreas interiores, carreteras y uso de la informática para el mercado.

•Aumento de la inmigración: retorno del exilio económico y político, aumento de la urbanización.

•Auge de la extracción minera, al mismo tiempo de las industrias nacionales: tabaco, café, miel, fibras textiles.

•Apertura del país a los capitales extranjeros no especulativos, acogidos sin privilegios de nacionalidad y sin contrapartida de territorialidad.

•Libertad de empresa y libertad comercial: relaciones equilibradas con el mundo entero, rechazo a los tratados restrictivos y adopción de medidas antimonopolistas.

•Confección de un presupuesto: extensión de la propiedad agraria y de la producción, en detrimento de los aranceles y de consumo.

•Búsqueda del bienestar mediante el trabajo: justamente remunerado y con acceso al consumo, guerra al lucro indecente.

•Pleno empleo: estímulo al trabajo y su ennoblecimiento, lucha contra la burocracia y prohibición de juegos de azar (lotería).

Refiriéndonos a la libertad de comercio, la economía cubana deformada y dependiente, se define en relación con el grado de apertura o cierre de sus relaciones exteriores y especialmente para los EE.UU. representa la doble posibilidad de seguir importando fácilmente materias primas útiles para sus industrias, y sobre todo, exportar en abundancia artículos que hasta entonces se consumen en Cuba a precios elevados, o bien no se consumen.

La producción cubana sería absorbida por los trasnacionales (los mayores porcentajes de las exportaciones cubanas irían a parar a Estados Unidos).

Para la Isla, representa la posibilidad de comprar al mejor postor, gracias a la competencia, los combustibles, materiales y maquinarias, que absorbería su naciente desarrollo industrial, así como artículos de consumo (víveres, ropa, higiene), que todavía no es capaz de producir, y proponer a sus clientes servicios turísticos, café, ron, tabaco, miel.

Tal eventualidad no puede disgustar al lector, al ciudadano común, que puede contar con garantía de empleo, menos aún al sector privado cuyo mercado vital se encuentra fuera de las fronteras nacionales.

La transición no es un fin en sí, su necesidad es indiscutiblemente moral e históricamente justificada si tiene como objetivo la voluntad de cambiar al hombre y la sociedad, potenciar las capacidades del pueblo para llevar a cabo ese cambio manteniendo su unidad y alcanzando como resultado, una avanzada democracia.

Bibliografía

1. Martí, José (1895). “La Revista Literaria Dominicense”. Periódico Patria, Nueva York, 26 de enero de 1895.
2. Montaner, Carlos Alberto: “El pensamiento de José Martí”, Editorial Plaza Mayor, Madrid, 1971.
3. Muñoz González, Roberto (2016). “Desarrollo Local. Desafíos al modelo cubano de transición al socialismo”. Editorial Caminos, Santa Clara, Cuba.
4. Oficina Nacional de Estadística e Información (2010- 2017). “Anuario Estadístico de Cuba”. República de Cuba.
5. Pérez Villanueva, Omar E. (2015). “Miradas a la economía cubana. Entre la eficiencia económica y la equidad social”. Editorial Caminos, Santa Clara, Cuba.
6. Roig de Leuchsenring, Emilio: “La República de Martí”. 5ta. Edición. Sociedad Económica Amigos del País, La Habana, 1960.

 


Ángel Marcelo Rodríguez Pita (La Habana, 1989).
Licenciado en Sociología, Universidad de La Habana, 2013.
Máster en Educación a Distancia, Universidad de La Habana,
2017. Doctor en Ciencias de la Educación Superior,
Universidad de La Habana, 2018.
Director General del Centro de Investigación para el Desarrollo
Local (CIDEL).
Experto en Gobernabilidad y Gobernanza.
Reside en La Habana.