Miércoles de Jorge

CUBA DESPUÉS DEL 24 DE FEBRERO

Jorge Ignacio Guillén Martínez | 27 Febrero, 2019

Miércoles de Jorge

Finalmente pasó lo que la mayoría de la gente esperaba el pasado 24 de febrero, la opción del Sí (ratificación de la nueva constitución) ha tenido mayoría y ha ganado. Sin embargo, no deja de ser significante que alrededor de un 20% de la gente mostrara de una forma u otra su inconformidad con el texto aprobado.

La desesperanza de los que confiaban -quizás con inocencia- que el No ganara, y la alegría de otros por la victoria del Sí -que expresa continuidad- contrastan de forma interesante, y se configuran en un único sentimiento de que nada cambia, de que todo sigue igual. Unos -los del No- lo sienten así, y lo consideran injusto, pues quieren el cambio. Los otros -los del Sí-, sienten que no hay que cambiar mucho más que lo que con el nuevo texto cambia, y que la esencia del sistema no tiene que cambiar porque estamos bien así.

En sentido general, tanto de un lado como del otro, lo que puedo leer de las actitudes y expresiones de la gente que me rodea es que existe como una idea generalizada de que Cuba no va a cambiar, como ya expresé anteriormente: unos porque no confían en tal posibilidad y otros porque no lo creen necesario. A unos y otros, les propongo mirar la realidad sosegadamente y tratando de alejarse de las manipulaciones mediáticas, pues lo que yo veo en Cuba -y puede ser que esté loco, o que tenga la vista nublada- es que todo está cambiando, y la experiencia del referendo del 24 de febrero no queda exenta de ese proceso de cambio o transición en el que el país se encuentra, sino que forma parte del mismo.

Ninguna transición ocurre en unos pocos años, los procesos de cambio social no se dan de un día a otro, sino que son irregulares, llevan tiempo, implican avances y retrocesos. Cuba pasa por un proceso de transición, y en este proceso es necesario que la gente de forma optimista y abierta se envuelvan y participen de los procesos de cambio.

Cuba necesita que sus ciudadanos participen y crean en sus posibilidades para influir en los asuntos de interés para la nación, incluso cuando delante exista una fuerza todopoderosa que pretenda mostrar como insignificante todo lo que no le sea conveniente. La participación de muchos cubanos en el referendo, para elegir cualquiera de las opciones, considero es un acto de civismo importante; y a pesar de las muchas críticas que con razón puedan esgrimirse sobre la legitimidad del proceso, o sobre las manipulaciones, o la falta de derechos para defender la opción contraria a la del gobierno; no deja de ser significativo que más de un millón de cubanos haya demostrado su inconformidad con el sistema, que las campañas en redes sociales hayan movido las ideas y/o mostrado otras perspectivas a muchos cubanos (incluyendo a los que pueden haber votado Sí), que se palpara la manipulación política y la falta de derechos al ver la inmensa campaña por el Sí, y la satanización del No que realizó el gobierno.

Lo que veo, al analizar la situación que me rodea, es que cada día la gente toma más conciencia de la situación en la que estamos, y que incluso cuando se vota Sí por la nueva constitución, debido a múltiples factores que condicionan este tipo de decisión, cada día los cubanos -directa o indirectamente, desde dentro del sistema o desde fuera- están exigiendo nuevos cambios, nuevas flexibilizaciones, nuevas libertades. Las nuevas generaciones, el acceso a internet, los negocios privados, el turismo e intercambio con el resto del mundo, el cambio en el gobierno, las pocas libertades que aún se conservan, la sociedad civil y del trabajo que desarrolla, las iglesias, etc., son factores que cada día que pasa agregan más presión a la “olla cubana” y que fuerzan al gobierno a abrir válvulas de escape como única solución para mantener el control del país. Válvulas que una vez abiertas, no pueden cerrarse nuevamente (realidad demostrada con las protestas de los taxistas y artistas el pasado diciembre), pues la libertad una vez conquistada es muy difícil de eliminar, y hacerlo trae consecuencias inevitables para el poder que reprime.

De este modo, invito a todos los cubanos, los que votaron Sí, y los que votaron No, a ser optimistas y creer en el futuro de nuestro país, a seguir participando e intentando cambiar lo que debe ser cambiado con actitud de diálogo y reconciliación, y no con divisiones, recriminaciones, o exclusiones ideológicas. A los que apostaron por el No, no debe segarnos la frustración, pues siempre se puede cambiar algo; y a los que votaron Sí, no debe dominarlos el conformismo con lo que tenemos o la felicidad ciega, pues siempre será necesario e imprescindible cambiar cosas.

 


Jorge Ignacio Guillén Martínez (Candelaria, 1993).
Laico católico.
Licenciado en Economía.

 

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