Martes de Karina

La política: ni sucia, ni ajena.

Karina Gálvez Chiú | 27 Noviembre, 2018

Martes de Karina

La política es de las realidades humanas más “traídas y llevadas” y más injustamente tratadas. La experiencia de los que nos interesamos en asuntos políticos es que es difícil hablar de política en Cuba sin que el interlocutor termine diciendo una o estas dos frases“¡La política es algo muy sucio!” o “¡Yo no me meto en política!”.

A veces es difícil fundamentar una opinión contraria a la primera frase, que, evidentemente, se refiere a la política en sentido estrecho, o sea a la política partidista. Siempre existen insatisfacciones, incumplimientos de promesas electorales, corrupción, políticos sin ética, y políticas que agudizan las desigualdades sociales, haciendo que se culpe a la política de las consecuencias.

En realidad no es solo en política que ocurren sucesos que provocan insatisfacciones en los demás, o incumplimientos de servicios, o aprovechamiento de las ventajas del cargo o trabajo. También pueden incurrir en ello, un médico, un maestro o un comerciante y normalmente nadie dice que es sucia la medicina, la educación o el comercio. Pudiera ser que algunos políticos hicieran política con métodos poco éticos y no por vocación, sino solamente por intereses personales, de manera que no hacen verdadera política, sino negocios. Entonces lo sucio no es la política, sino algunos políticos.

Muchos argumentan su afirmación de que la política es sucia, criticando la posibilidad que ofrece esta ciencia social, de establecer nexos, resolver conflictos, de buscar maneras de superar situaciones sin acudir a la venganza, o al enfrentamiento violento. Ven como algo sucio el perdón o las relaciones establecidas a pesar de ofensas nacionales o diferencias de opinión. Sin embargo, paradójicamente, cuando alguien intenta conversar para resolver un conflicto, intentando mediar o calmar los ánimos, dicen que es muy político. Ciertamente existen situaciones que pueden ser muy criticables, pero eso no hace sucia a la política sino a los políticos que las provocan.

En ocasiones, personas que no son políticas por vocación, ni por formación, ni por su responsabilidad, se disponen a hacer política. En la mayoría de estos casos, la política se convierte en un engendro de disparates y fuerzas que no funcionan para el bien de nadie. Eso no es política. No podemos juzgar a los políticos por la actuación inoportuna o errática de estas personas. Los verdaderos políticos, hacen política buena. Con defectos y errores, pero siempre se distingue.

“¡Yo no me meto en política!” es otra frase común cuando se critica una realidad. Es difícil también sostener esta actitud si se tiene en cuenta que la política no se trata de partidos, de elecciones o sistemas. Esa es la política partidista y es la política en su sentido más estrecho. Política es todo lo que tiene que ver con la polis, o sea, con la ciudad. Todo lo referente a nuestra vida puede ser determinado por la política. La política determina si vivimos con las libertades a que tenemos derecho, si participamos activamente en las decisiones nacionales o no, si podemos poner en práctica, públicamente, nuestra capacidad de crear, si podemos invertir, si podemos vivir con ciertas seguridades…

Decir que no nos metemos en política significa dejar en manos de otros las decisiones que nos atañen a todos, es no asumir nuestra responsabilidad. Porque, en verdad, cuando no nos metemos en política, estamos haciendo “la política de aceptación de la política de otros” y eso también es hacer política.

No es justo generalizar y rechazar la política por los errores que pueden cometer algunos políticos o porque nos parezca algo ajeno y propio solo de los gobernantes o legisladores. La política es más que “las políticas”, más que los políticos, más que los partidos o las negociaciones. Política es el arte de la convivencia que busca y promueve la búsqueda de la felicidad personal y nacional.

Ni es sucia, ni es ajena por sí misma.

 


Karina Gálvez Chiú (Pinar del Río, 1968).
Licenciada en Economía.
Fue responsable del Grupo de Economistas del Centro Cívico.
Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia.
Reside en Pinar del Río.

 

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