Martes de Karina

Sin mercado no hay desarrollo

Karina Gálvez Chiú | 23 Octubre, 2018

Martes de Karina

Los monopolistas, al tener infraabastecido siempre el mercado, …venden sus mercancías a un precio muy superior al natural y elevan sus emolumentos, consistentes estos en salarios o beneficios…
Adam Smith, La riqueza de las naciones.

Los monopolios son situaciones extremas de competencia imperfecta de los mercados que deben evitarse. Pero cuando el monopolio pertenece a quien debe evitarlo, la situación se torna más injusta.

La prohibición de la concentración de la propiedad en Cuba para las personas naturales, puede ser presentada como un intento de hacer una ley antimonopolio. Pero es difícil justificar la convivencia de esta ley con un casi absoluto monopolio estatal sobre las principales producciones.
No podemos hablar entonces de querer evitar el monopolio en Cuba como una injusticia del mercado si tal mercado no existe aún. Preservarse de los males del mercado sin gozar de sus beneficios es, por lo menos, poco inteligente. Preservar de los monopolios privados una economía, fortaleciendo el monopolio estatal es una injusticia. Los perjuicios son para todos. Los ciudadanos vivimos en un agobio constante para poder conseguir los bienes diarios y el Estado en una pérdida sistemática de credibilidad y sufriendo un costo político difícil de compensar con los escasos beneficios sociales que es capaz de proveer.

Que el Estado sea el único autorizado para mantener el monopolio económico, no nos ha salvado de una profunda crisis económica que no hemos superado en 60 años, y que solo se ha aliviado en las ocasiones en que ese monopolio ha sido quebrado por aperturas, por pequeñas que estas hayan sido.

A pesar de reconocer los beneficios de la tímida apertura al trabajo por cuenta propia en los años 90 y en el 2008 y de conocer las experiencias de países como China y Viet Nam, en Cuba no queremos probar aplicar modelos que impliquen la apertura económica real a los ciudadanos. Y eso es lo que hace que tengamos que vivir en una economía de la supervivencia y no arranquemos hacia el desarrollo.

En el actual proyecto de Constitución, el reconocimiento de las distintas formas de propiedad, se combina con un freno a la concentración de la propiedad para los ciudadanos que, lógicamente, impide a los propietarios de negocios, pasar los límites de la obtención de ingresos mínimos para vivir con un poco más de dignidad que los que trabajan por un salario.

No podemos creer en un discurso oficial que dice pretender el desarrollo económico del país si las acciones y las propuestas no se corresponden con lo que ya hemos experimentado que da resultado. Y sufriendo, además cada día, las consecuencias de una economía que bloquea la iniciativa ciudadana de participar.

El cambio en la Constitución podía ser una buena oportunidad para dejar abierta la posibilidad de cambiar el monopolio económico estatal por la libertad de iniciativa ciudadana. No basta con el derecho a la propiedad privada, es necesario saber que esa propiedad podrá crecer en la medida en que crezca el esfuerzo personal y la disposición al riesgo.

La apertura a la iniciativa privada es el punto de arranque hacia el desarrollo en Cuba.

 


Karina Gálvez Chiú (Pinar del Río, 1968).
Licenciada en Economía.
Fue responsable del Grupo de Economistas del Centro Cívico.
Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia.
Reside en Pinar del Río.

 

Ver todas las columnas anteriores