Martes de Karina

Abrir al mercado, abre las mentalidades.

Karina Gálvez Chiú | 3 Abril, 2018

Martes de Karina

Acostumbrados como estamos, muchas generaciones ya de cubanos, a escuchar solo malas referencias de la economía de mercado, quedamos atónitos al escuchar la frase expresada por el Secretario General del Partido Comunista en Viet Nam, Nguyen Phu Trong, en su conferencia en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, el jueves 29 de marzo de 2018.

“Somos conscientes de que la economía de mercado es el resultado de la sensibilidad humana con la que se puede coexistir y adaptarse a las diferencias con las modalidades sociales.”

Hasta el momento, oficialmente, en Cuba, solo hemos escuchado que la economía de mercado es la fuente de todas las injusticias, la oportunidad para que se produzca la explotación del hombre por el hombre y el caldo de cultivo de las diferencias de clases.

Después de la apertura al mundo que ha significado que muchos cubanos puedan viajar fuera de la isla, ha sido más difícil mantener esa opinión sin cuestionamientos. Viendo con sus propios ojos, o escuchando a otros que lo han visto, el funcionamiento de economías de mercado con diferentes grados de desarrollo, ya muy pocos creen que puede renunciarse a ella si queremos aumentar el bienestar individual y social.

Incluso el gobierno cubano, que ha mantenido siempre alto nivel de centralización económica, ha necesitado insertar las formas de mercado en el modelo económico, demostrándose una vez más, que en la búsqueda de la eficiencia económica, no se puede prescindir de las leyes del mercado.

En la práctica, se nota que muy pocos lo dudan. Pero la apertura al mercado en los sistemas centralizados parece hacerse como una necesidad, como un “mal menor”, ante las interminables crisis económicas que sufrimos. Como un “no queda otro remedio”.

 Es la primera vez que escuchamos, en boca de un líder comunista, decir algo tan al interior del sistema de economía de mercado. Decir que es el “resultado de la sensibilidad humana”, es aceptar que, las trabas a la economía de mercado, afectan a la persona en su sensibilidad. Ciertamente, la economía de mercado puede haberse viciado con el tiempo, y en determinadas circunstancias, pero la sensibilidad humana es la única capaz de encontrar las oportunidades, de aprovecharlas, de ponerlas en función de la sensibilidad de otros. Y en eso consiste la economía de mercado, ofrece la oportunidad de poner en práctica la iniciativa personal.  Es el reconocimiento de un derecho humano. Sus consecuencias negativas, hasta ahora inevitables, no son justificación para secuestrar las libertades personales.

 Aceptar que se puede coexistir con ella y adaptarse a las diferencias, es reconocer la flexibilidad de este sistema económico y que, de hecho, es el único que puede ser adaptado. Si no, ¿por qué no decir que el centralismo puede adaptarse a condiciones de eficiencia? La economía de mercado es flexible, precisamente porque las personas son los protagonistas.

Viet Nam ha experimentado las ventajas de una economía de mercado con un modelo económico diferente del modelo político. Pero evidentemente, también ha conseguido líderes políticos capaces de cambiar posiciones ideológicas que parecían inamovibles.

Es algo deseable para nuestro país, ahora que nos acercamos al 19 de abril, fecha prevista para un cambio de presidencia en Cuba. Las posiciones férreas no han dado buenos resultados. Necesitamos flexibilidad, una combinación prudente de pragmatismo y sensibilidad para encontrar la vía de hacer que la nación cubana vuelva a ser tan próspera como necesitemos, para ser felices en nuestra tierra.

 


Karina Gálvez Chiú (Pinar del Río, 1968).
Licenciada en Economía.
Fue responsable del Grupo de Economistas del Centro Cívico.
Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia.
Reside en Pinar del Río.

 

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