Martes de Karina

La práctica por encima de la filosofía

Karina Gálvez Chiú | 14 Noviembre, 2017

Martes de Karina

“¡Allá sí hay que trabajar!” Es una frase que podemos escuchar a menudo cuando nos visita un familiar o un amigo que no vive en Cuba.

Lo curioso es que a pesar de toda la prosperidad de que disfruta, nos dice eso como si no fuera compatible una cosa con otra: trabajo y prosperidad.

“¡Es que él tiene dinero!” Es otra frase que podemos escuchar referida a las posibilidades de algunos empresarios cubanos que han logrado un éxito por encima de la media.

Lo curioso aquí es que se parece como si el exitoso tuviera que justificarse o avergonzarse por tener mejores condiciones de vida.

“Es que él es dirigente.” Escuchamos cuando se trata de explicar la corrupción en Cuba.

Lo curioso entonces es que el tono que notamos en esta frase es de justificación y comprensión. Como si alguien por ser funcionario del gobierno, se mereciera el bienestar económico.

Esta parece ser la filosofía que pulula en Cuba. Todo está tergiversado. ¿No es lógico que para prosperar haya que trabajar? ¿No es lógico que quien trabaja y aproveche las oportunidades, arriesgándose, tenga más posibilidades que quien no lo hace? ¿No es injusto que quien trabaje para el gobierno tenga más oportunidades solo por ese hecho?

Este es de los principales males que los años de totalitarismo han producido en Cuba. El daño antropológico manifiesto en la economía. Llamar al bien mal y al mal bien.

La esperanza es que, por encima de esa mentalidad, los cubanos trabajamos para aumentar el bienestar económico personal y familiar como si no tuviéramos la filosofía que expresamos en esas frases. Cada vez más cubanos quieren irse de Cuba, aunque tengan que trabajar mucho, queremos que haya más oportunidades de trabajar por cuenta propia, aunque aumenten las diferencias y cada vez el gobierno debe acudir más al compromiso con el Partido o la Revolución para que alguien acepte un cargo de dirección, a pesar de las posibilidades de corromperse.

Es como si ya fuera cambiando la mentalidad y quedara solo la expresión. En la práctica, la sensación de seguridad que ofrece el sistema actual cubano, no es suficiente para preferirlo a un sistema abierto y flexible, aunque arriesgado.

Si queremos que la economía se abra, debemos asumir también los ciudadanos, el riesgo de no tener el camino fácil hacia el bienestar económico. Hay que competir y participar.

 


Karina Gálvez Chiú (Pinar del Río, 1968).
Licenciada en Economía.
Fue responsable del Grupo de Economistas del Centro Cívico.
Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia.
Reside en Pinar del Río.

Ver todas las columnas anteriores