Lunes de Dagoberto

Porque quiero “un porvenir en que quepamos todos”: #YoVotoNo

Dagoberto Valdés Hernández | 14 Enero, 2019

Lunes de Dagoberto

Cuba ha entrado en una segunda etapa del debate suscitado por la redacción de una nueva Constitución. Las asambleas de modificaciones y propuestas ya terminaron. Ahora el debate es sobre la respuesta al referéndum. Están en disputa el Sí, con una campaña promovida por los mismos que redactaron, dirigieron el debate y modificaron lo que les pareció. Por otro lado, los que opinan que deben votar No, y los que defienden la abstención. En principio, todas las opciones deberían ser respetadas y nadie, ni el gobierno, ni la oposición, ni los ciudadanos, de aquí o de allá, deberían descalificar ni atacar al que opte por una votación diferente a la suya. Ese es un principio democrático.

Quedó demostrado que ni la primera redacción la hizo una asamblea constituyente, ni las modificaciones propuestas por el pueblo fueron totalmente aceptadas por la misma comisión que la redactó, no porque las principales propuestas no fueran pertinentes, sino porque determinaban entregar cuotas de poder, como la elección directa del presidente de la República y los Gobernadores, o ampliaban derechos civiles y políticos como es el caso de la abolición de la pena de muerte y del uso de la lucha armada contra cualquiera que intente cambiar el régimen. La médula y la esencia de la primera versión fueron íntegramente preservadas en la segunda y definitiva que se someterá al Referéndum.

La Constitución que se someterá a la consulta de los cubanos es excluyente de los que piensan diferente, de otras ideologías, de otros posibles partidos, de la posibilidad de competir en igualdad de condiciones entre la empresa estatal y la empresa privada, la imposibilidad de los particulares de acumular propiedades y riqueza, mientras que el Estado en manos de un solo Partido que se sitúa por encima de él, sí puede acumular propiedades y riquezas.

La Constitución que se llevará a referéndum es reductiva de derechos y libertades fundamentales, de la propiedad de medios de comunicación, de formar sindicatos y partidos, de todos los derechos que dimanan de poder profesar, ejercer y enseñar derechos y deberes que no sean los del tipo del socialismo y el comunismo, a los que obliga la misma Constitución que se nos pide aceptar o rechazar.

Se ha tildado de contrarrevolucionarios, apátridas, mercenarios y mal nacidos a cubanos, compatriotas nuestros, porque piensan, creen o profesan una opción política, económica o social diferente a la oficial, y porque hemos expresado públicamente que votaremos No. Esos epítetos descalificadores y ofensivos son una violación de los derechos humanos y es una ilegalidad punible por la ley. Si la Boleta del Referéndum tiene dos respuestas, Sí o No, ¿cómo va a ser condenable, o reprimible, o descalificador votar No? Si hay dos opciones, ¿por qué todos los medios que son propiedad del Estado, cuando deben ser de todos, solo considera honorable el Sí? Esto descalifica de origen y de facto la esencia del referéndum, que lo es precisamente porque consulta las dos opciones, legalmente válidas (Sí o No).

Lo que suceda a los que opten por el No y los calificativos que se usen en los medios oficiales hasta el 24 de febrero y después, serán de por sí, indicativos del nivel de respeto a sus propias leyes e instituciones y de la misión del Estado cubano, sometido a la dirección superior de un Partido, para cumplir y hacer cumplir en Cuba el proyecto de José Martí expresado en este fundacional texto de sus discursos políticos:

“Aquí velábamos; aquí aguardábamos; aquí anticipábamos; aquí ordenábamos nuestras fuerzas; aquí nos ganábamos los corazones; aquí recogíamos y fundíamos y sublimábamos, y atraíamos para el bien de todos, el alma que se desmigajaba en el país. Con el dolor de toda la patria padecemos, y para el bien de toda la patria edificamos, y no queremos revolución de exclusiones ni de banderías… Razón y corazón nos llevan juntos. Ni nos ofuscamos, ni nos acobardamos. Ni compelemos, ni excluimos. ¿Qué es la mejor libertad sino el deber de emplearla en bien de los que tienen menos libertad que nosotros? ¿Para qué es la fe, sino para enardecer a los que no la tienen?… ¡Pero es cierto que las primeras señales de los pueblos nacientes, no las saben discernir, ni las saben obedecer, sino las almas republicanas! ¿Y esto hacemos aquí, y labramos aquí sin alarde un porvenir en que quepamos todos, y tendremos aquí la mansedumbre de airar como nuestros a los que nos desoyen, y amar a los que nos desaman?” (José Martí. Discurso del 10 de octubre de 1891).

¿Estamos en Cuba recogiendo, fundiendo lo desmigajado, o dividiendo en dos bandos maniqueos a los que los mandatorios y la nueva Constitución separan por todos los medios, incluyendo la lucha armada (Artículo 4)?

¿Estamos edificando con la diversidad y la pluralidad de nuestra cultura y nuestra nación mestiza y variopinta, o queremos revoluciones de exclusiones o banderías?

¿Qué estamos promoviendo: ofuscación, miedo y compulsión, o estamos juntando razón y corazón para el bien de todos?

¿Discernimos como almas republicanas, o vamos como masa sin interpretar las señales de los tiempos nuevos?

¿Esta Constitución, y la propaganda abrumadora del Estado, excluyen al diferente y al discrepante, o labramos aquí sin alarde un porvenir en que quepamos todos?

¿Debemos seleccionar de Martí solo aquellos textos que podamos manipular a conveniencia de una parte, o debemos aceptar y venerar la visión, el proyecto integral, el espíritu y no solo algunas frases de José Martí?

Si la anterior cita no nos basta, ¿qué querría decirnos Martí con estas otras cuatro; y con muchas más que es imposible mencionar aquí?:

“De los derechos y opiniones de sus hijos todos está hecho un pueblo, y no de los derechos y opiniones de una clase sola de sus hijos.” (Los pobres de la tierra. Patria. New York. 1894, octubre 24. Tomo 3. p. 304).

“No estamos aquí pujando la oportunidad, para caer mañana, como rancheros, sobre la patria del alma; ni levantando, a pura excomunión, un partido cubano que humille a los cubanos.” (Discurso en conmemoración del 10 de octubre de 1868, en Hardman Hall. New York. 1891, octubre 10. Tomo 4. p. 260).

“Ni reconoce, ni reconocerá, el Partido Revolucionario bandos, ni castas, ni exclusiones entre los cubanos que habitan en Cuba.” (Los emigrados, las expediciones y la revolución. (Patria. New York. 1893, abril 1. Tomo 2. p. 274).

“Una Constitución es una ley viva y práctica, que no puede construirse con elementos ideológicos.” (Carta de New York, 23 de mayo de 1882, Obras Completas, Tomo IX, páginas 307 y 308).

En una sola pregunta: ¿Esta Constitución es martiana?

Pase lo que pase, manipulen lo que manipulen, y traten de imponer lo ilegítimo y excluyente: de acuerdo con las ideas cristianas y martianas que he hecho mías, y para ser coherente con mi propia conciencia: #YoVotoNo.

 Y por ello no soy ni menos cubano que el que vote Sí o No vote, ni estoy haciendo nada ilegal, ni estoy colaborando con nada ni con nadie, ni de dentro ni de fuera de mi País. Estoy ejerciendo lo que en conciencia considero mejor. Y la conciencia de una persona es el recinto más sagrado e inviolable en el que nadie puede ni debe irrumpir, ni manipular. Eso es la libertad de conciencia.

Hasta el próximo lunes, si Dios quiere.


  • Dagoberto Valdés Hernández (Pinar del Río, 1955).
  • Ingeniero agrónomo. Premios “Jan Karski al Valor y la Compasión” 2004, “Tolerancia Plus” 2007, A la Perseverancia “Nuestra Voz” 2011 y Premio Patmos 2017.
    Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007.
    Fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” desde 1999 hasta 2006.
    Trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años.
    Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia y su Director.
    Reside en Pinar del Río.

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