Lunes de Dagoberto

La constitución y los tres poderes

Dagoberto Valdés Hernández | 30 Julio, 2018

Lunes de Dagoberto

Toda constitución moderna que se respete debe establecer la división y el mutuo control de los tres poderes del Estado: legislativo, ejecutivo y judicial. Este es el mecanismo que garantiza que no se instaure una dictadura, ni un autoritarismo o totalitarismo, porque gracias a esta estructura orgánica del Estado, se reparten cuotas de poder y se establecen frenos a la tentación de una persona o un partido de apropiarse de la soberanía de los ciudadanos de la cual debe brotar todo poder en las sociedades modernas. A esto se le denomina mutuo control de los poderes del Estado.

Para muchas personas en Cuba que aún no tienen una adecuada educación cívica esto le resulta complicado y preguntan con una ingenuidad peligrosa: ¿Entonces, quien manda de verdad? Detrás de esa interrogante subyace el modelo autoritario provocado por un paternalismo de Estado que usurpa la libertad de decisión y la responsabilidad del ciudadano, dejándolo en una total indefensión.

En los países democráticos se reconoce el pluripartidismo y cada partido trabaja y compite por obtener puestos en los tres poderes presentando su programa político, económico y social con el que intentarían server a la nación desde la presidencia del gobierno (poder ejecutivo) o tratando de que los ciudadanos elijan a los miembros de su partido para ocupar un puesto de senador o diputado en el parlamento (poder legislativo) y así poder influir en la aprobación o no de las leyes o tratando de que sean elegidos miembros de su partido para ocupar un cargo en los Tribunales de justicia, encargados de impartirla imparcialmente y sin manipulaciones o tráfico de influencias políticas.

En los países totalitarios, solo se reconoce en la Constitución a un partido único, como es el caso de Cuba. Esto destruye por la base todo Estado democrático porque una sola parte de la sociedad, sea grande o pequeña con relación a los habitantes de la Nación, se apodera de todo el poder, de ahí su denominación de totalitarismo. No hay competencia, ni diversas formas de presentar soluciones para la búsqueda del bien común. Entonces, aunque existan las estructuras visibles de los tres poderes, como ocurre aquí, la Asamblea Nacional, el Consejo de Ministros y los Tribunales están compuestos, los tres, y todos sus puestos por personas que militan en un mismo partido o que son fieles incondicionales a ese único partido. La discrepancia es penalizada y la unanimidad se entroniza sistemáticamente. Es más importante la aparente unidad que la necesaria libertad. Es más importante convencer o reprimir que competir en buena lid y que gane el mejor.

¿Y quien debería decidir quién gana? Pues  deben ser los ciudadanos enelecciones libres, secretas, competitivas, pluralistas y transparentes en su transmisión y cómputo de los datos que emanen de los comicios. Esto solo es posible cuando el poder electoral o Consejo Nacional Electoral es también elegido democráticamente.

En el aprobado Proyecto de nueva Constitución que será sometido a un referéndum ciudadano, no se ha propuesto ni el pluripartidismo ni un tipo de proceso electoral independiente. Los cargos en los tres poderes han sido elegidos desde el partido único, que vuelve a proponerse no solo como único sino como la fuerza superior de la sociedad y del Estado. Es un modelo ya muy raro y escaso en el mundo y deja nada más y nada menos que a los tres poderes del Estado bajo el mando único de un Partido. Si una parte se impone a la mayoría no hay forma de explicar que la soberanía la tiene todo el pueblo, porque también la sociedad en pleno está bajo el mando de ese pequeño grupo.

En una palabra, se invierten los roles del desempeño cívico, se ordena la sociedad como una pirámide en que toda la soberanía de la ancha base ciudadana cae bajo el ordeno y mando del vértice superior. Del que bajan los anteproyectos, al que suben las propuestas que sean afines a ese Proyecto y al final se presenta para ser aprobado, o no, un texto constitucional con algunas novedades en las ramas y con el viejo modelo de la dictadura de un partido y una ideología.

Entonces es necesario que Cuba, es decir, cada cubano con capacidad electoral, se informe y se forme bien su criterio personal, decida en lo hondo de su conciencia, y ejerza su voto en una consulta organizada y controlada por el mismo Estado-Partido que se propone como fuerza superior de todo lo demás. Por lo menos enviará hacia el vértice superior un mensaje, ojalá claro y rotundo, de lo que aprueba o desaprueba. Estoy seguro que habrá ojos y oídos tratando de medirle el pulso a la situación y midiendo la presión de la sociedad enterándose de las cifras reales.

Hasta el próximo lunes, si Dios quiere.

 


Dagoberto Valdés Hernández (Pinar del Río, 1955).

Ingeniero agrónomo. Premios “Jan Karski al Valor y la Compasión” 2004, “Tolerancia Plus” 2007, A la Perseverancia “Nuestra Voz” 2011 y Premio Patmos 2017.
Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007.
Fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” desde 1999 hasta 2006.
Trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años.
Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia y su Director.
Reside en Pinar del Río.

 

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