Lunes de Dagoberto

Viaje a las raíces

Dagoberto Valdés Hernández | 14 Mayo, 2018
Este fin de semana del 12 y 13 de mayo, he tenido otro gran regalo espiritual. Unos amigos y hermanos en la fe, a los que quiero y agradezco mucho, me han ayudado a hacer realidad un viejo sueño: hacer el Camino de Santiago.
 
Esta milenaria tradición cristiana consiste en peregrinar, caminando, hasta la Catedral de Santiago, uno de los 12 apóstoles de Jesucristo, cuyos restos son venerados en la cripta bajo el altar mayor de esta Basílica a él dedicada en Compostela, Galicia, España. 
 
Las peregrinaciones a los santos lugares son un ejercicio espiritual que tienen en común todas las religiones del mundo y no es un acto turístico cuando se les llena de contenido.
 
Consiste en ejercitar todo nuestro ser, alma y cuerpo, inteligencia y sentimientos, voluntad y trascendencia, en la búsqueda activa de un sentido para nuestra vida. La vida es un camino único e irrepetible: o lo llenamos de sentido y mística o la perdemos. 
 
El Camino de Santiago es una de esas peregrinaciones más antiguas y significativas, especialmente para los europeos y los que vivimos en América, pues toda la Iglesia Católica se legitima precisamente cuando guarda la Sucesión Apostólica que consiste en la cadena ininterrumpida que viene de los primeros apóstoles, a través de los cuales hemos recibido el anuncio del Evangelio de Jesucristo. 
 
América Latina lo recibió de España, por tanto del apóstol Santiago de Zebedeo, hermano de Juan, el más joven de los primeros discípulos y el más amado de Jesús. Entonces esta ha sido una peregrinación a la semilla, un volver a la raíces de mi fe para encontrarme y abrazar al apóstol a través del cual hemos conocido a Jesús.
 
El Camino de Santiago es como un símbolo de la trayectoria de nuestra vida: Caminar con la vista en alto, con luz larga, apreciar en el camino las señales que Dios nos va dando como estaciones en nuestro itinerario existencial, hasta llegar al Monte de la Gloria y “abrazar al Santo”, bajar a su tumba, y pedirle que interceda ante Dios por Cuba y su libertad, por la Iglesia en Cuba y su entrega al pueblo del que forma parte, por el Centro de Estudios Convivencia, cada uno de los miembros de su equipo y su Itinerario de Pensamiento y Propuestas para Cuba, obra que considero de suprema importancia para preparar el porvenir de la Nación. 
 
Le he pedido a Dios también por mis tres hijos y tres nietos y sus respectivas familias. Por el eterno descanso de mis padres. Por todos los amigos que me han acompañado a lo largo de mi vida. Y también he rogado por los que se consideran mis enemigos. 
 
En el camino de Santiago, de pronto, vi un letrero que anunciaba: Celanova. Este es el pueblo y monasterio donde reposan los restos de San Rosendo, Patrono de Pinar del Río. Es impresionante e irresistible no hacer una parada en tan significativo santuario. Nos  salimos del Camino y tuve la dicha de orar ante el sepulcro del santo que protege mi ciudad natal. He recordado todo. Desde los primeros fundadores de Pinar del Río que yendo desde estas tierras gallegas hasta la rivera del río Guamá en tierras pinareñas, eligieron al santo patrono al que ahora vengo a venerar en el magnífico monasterio que fundó en el siglo X.
 
Más no se puede pedir. Es conectar con su raíz el alma de lo que soy, de lo que creo y en lo que espero: mi fe en Jesucristo y mi amor a su Iglesia, que han inspirado y motivado todo lo que he sido y he hecho en mi vida, ya de casi 63 años.
 
Para colmo, al participar en la mañana en la Catedral de Santiago en la misa del Domingo de la Ascensión, al final, el sacerdote anuncia que se ofrecería la ofrenda del Botafumeiro, gigantesco incensario de 53 kg que es movido por 8 hombres y que solo se ofrece 12 veces al año. 
 
Regalo de la Providencia, vengo una vez en la vida y puedo contemplar y disfrutar esta solemne ceremonia y ofrecer el incienso de nuestras plegarias por todas estas intenciones. He podido celebrar el jubileo de Santiago y de San Rosendo en un mismo día. Espero para mí, mi familia y mi Patria, la misericordia y la indulgencia del corazón de mi Padre Dios. 
 
Para el hombre de Iglesia que soy, para alguien que he sido formado en ella y he vivido para ella y por fe me he entregado al servicio de mi Patria, volver a las fuentes primigenias de las que provengo es como volver a nacer, como renovar mi fe y el compromiso que de ella brota. 
 
Al salir de Santiago de Compostela lanzaban al vuelo las campanas de la Basílica. Pensé que esto podría ser un signo de la libertad, la paz y la felicidad por la que trabajo en Cuba. Y  en nuestro auto sonaba una canción de los tiempos de la transición española que fue como el himno de Adolfo Suárez y UCD que decía:
 
“Libertad, libertad sin ira, libertad, 
guárdate tu miedo y tu ira
porque hay libertad sin ira, libertad,
y si no la hay sin duda la habrá.
 
Dicen los viejos que en este país
hubo una guerra
y dos Españas que guardan aún 
el rencor de viejas deudas.
 
Dicen los viejos que este país
necesita palo largo y mano dura 
para evitar lo peor.
Pero yo solo he visto gente
que sufre y calla dolor y miedo. 
Gente que solo desea su pan, 
su hembra y la fiesta en paz.
 
Dicen los viejos que hacemos 
lo que nos da la gana
y no es posible que así pueda 
haber gobierno que gobierne nada.
 
Dicen los viejos que no 
se nos dé rienda suelta
que todos aquí llevamos 
la violencia a flor de piel.
Pero yo solo he visto gente 
muy obediente hasta en la cama.
Gente que tan solo pide vivir su vida
sin más mentiras y en paz.
 
Libertad, libertad,
Sin ira libertad
Guárdate tu miedo y tu ira.
Porque hay libertad sin ira, libertad.
Y si no la hay sin duda la habrá.”
 
Que así sea también en Cuba. 
 
Hasta el próximo lunes, si Dios quiere.
 

Dagoberto Valdés Hernández (Pinar del Río, 1955).
Ingeniero agrónomo. Premios “Jan Karski al Valor y la Compasión” 2004, “Tolerancia Plus” 2007, A la Perseverancia “Nuestra Voz” 2011 y Premio Patmos 2017.
Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007.
Fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” desde 1999 hasta 2006.
Trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años.
Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia y su Director.
Reside en Pinar del Río.

 

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