Lunes de Dagoberto

ECONOMÍA DE MERCADO Y SOCIALISMO

Dagoberto Valdés Hernández | 2 Abril, 2018

Lunes de Dagoberto

El discurso del Secretario General del Partido Comunista de Vietnam en el Aula Magna de la Universidad de La Habana da para pensar y razonar varias facetas de la vida de nuestros dos países. Es muy significativo que la conferencia del más alto dirigente de “la tierra de los anamitas” como la llamó hace más de un siglo en “La Edad de Oro” nuestro Apóstol José Martí no se haya publicado aún en ningún medio de prensa impreso ni digital. Aún más cuando se le han dedicado a la vista más de un Suplemento Especial.

No voy a entrar en análisis técnicos sobre el tema, ni trataré de buscar la diferencia entre economía de mercado y capitalismo. Ni la diferencia entre los socialismos que existen hoy en el mundo, sean democráticos o bajo la dirección totalitaria de un solo partido. Ni deseo dudar de la fidelidad de la traducción al castellano de la importante conferencia magistral del ilustre visitante vietnamita. Ni hacer un juicio sobre la calidad de vida ni el desarrollo alcanzado por aquel lejano y cercano pueblo.

Solo quiero expresar mi opinión sobre el binomio mencionado en tan preclaras palabras: “No se podrá construir exitosamente el socialismo sin una economía de mercado” -refirieron algunos medios de prensa que alcanzaron a ver la ceremonia de la Universidad capitalina que tampoco se ha retransmitido a una hora asequible.

Considero que los problemas económicos se resuelven con soluciones económicas y que las leyes de la economía, como las de las demás ciencias son normas que buscan resultados y estos no pueden esperarse si alteras u omites, desconoces o violas las reglas del mercado. Parece una obviedad, pero durante casi un siglo existió un sistema socio-económico y político que intentó desconocer todos los mecanismos del mercado y de la economía. El resultado fue inmediato, contundente y terrible: la destrucción no solo de la propia economía sino de todo el país. No es una gestión u otra, no es solo que se administre mejor o peor, no es solo la corrupción o el robo, ha quedado claro que es el modelo que no funciona, no crea riqueza, empobrece igualitariamente.

Al filo de terminar la larga etapa “histórica” de dicho experimento fallido, el desastre es acumulativo y triste. Entonces viene, nada más y nada menos, que el Secretario General de un Partido Comunista de un país devastado por una guerra larga y cruel, y reconstruido exitosamente, y declara en el acto solemne de recibir un Doctorado Honoris Causa, lo que la realidad ha demostrado en todas las latitudes y culturas alrededor del mundo: una economía centralizada, estatizada y sin libertades que prohíbe la acumulación de la riqueza y de la propiedad, no funciona.

Vino a decirnos lo que cientos de siglos, miles de años, han experimentado todos los hombres y mujeres de la tierra: torciéndole el cuello al mercado, obviando las leyes de la empresa y el comercio, no es posible construir exitosamente el socialismo, ni el capitalismo, ni nada. Por la sencilla y rotunda razón que no se puede repartir la riqueza si antes no se ha creado. No se puede crecer en calidad de vida sin libertad para los emprendedores. Bloquear a la iniciativa privada y cooperativa es poner trancas al progreso personal, familiar y social.

Es necesario liberar las fuerzas productivas, restablecer y cuidar las leyes del mercado, y como es necesario y saludable, establecer subsidiariamente las regulaciones que hagan falta para garantizar la mayor justicia y seguridad social posible, especialmente para los sectores más vulnerables de la sociedad, sin paternalismos ni estatismos paralizantes.

Ojalá que la transparencia y la sencillez valiente con los que el dirigente comunista vietnamita ha reconocido una verdad aprendida a base de colosales sacrificios, pueda ser experimentada, reconocida y asumida con todas sus consecuencias por la futura administración en Cuba. Sería un buen comienzo para un largo y difícil camino de reconstrucción para la Nación cubana.

La alternativa tiene la contundencia de la sencillez:

  • Se liberan las fuerzas productivas, la propiedad y la empresa o crecerá la miseria.
  • Se hacen las transformaciones estructurales para edificar un modelo con logros sociales o seguimos en el inmovilismo y se terminarán de perder los pocos que nos quedan.
  • Se transita hacia un modelo de economía social de mercado o nos quedamos sin mercado, sin economía y sin justicia social porque no puede distribuirse lo que no se tiene.
  • Se usa el poder político para liberar y desarrollar la economía y la sociedad o se sigue bloqueando a la economía y a lo mejor del talento y el capital humano de la sociedad con el único objetivo de aferrarse a un poder político de control totalitario.

Espero y deseo, como simple ciudadano, que los hombres y mujeres que asumirán sus nuevas responsabilidades a partir del 19 de abril puedan plantearse en consciencia estas y otras alternativas. Es un acto consecuente con el cambio generacional.

Una buena señal inmediata sería que alguien que pudiera disponga, por lo menos, publicar el texto íntegro de la conferencia del Secretario General del Partido Comunista de Vietnam que, por algo, la Universidad de La Habana le ha otorgado un título de Doctor Honoris Causa.

Silenciando la opinión, incluso de un dirigente comunista, no se podrá acallar el clamor de la tozuda realidad que vivimos.

Hasta el próximo lunes, si Dios quiere. 

 


Dagoberto Valdés Hernández (Pinar del Río, 1955).
Ingeniero agrónomo. Premios “Jan Karski al Valor y la Compasión” 2004, “Tolerancia Plus” 2007, A la Perseverancia “Nuestra Voz” 2011 y Premio Patmos 2017.
Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007.
Fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” desde 1999 hasta 2006.
Trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años.
Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia y su Director.
Reside en Pinar del Río.

 

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