Jueves de Yoandy

“¡Al fin el domingo ya es 24 de febrero!”

Yoandy Izquierdo Toledo | 21 Febrero, 2019

Jueves de Yoandy

“¡Al fin el domingo ya es 24 de febrero!” –escucho temprano en la mañana a bordo de una guagua, repleta de pasajeros, y en un tono elevado para que todos escuchen también. Lo dice un joven con todo fervor, pero luego baja el tono, a punto de no escucharse, para argumentar ese exabrupto ante los que le acompañan en el viaje, y dejar sumida en la ambigüedad su exclamación. Unos podrán pensar que lo dijo porque existe mucho entusiasmo por ir a votar Sí en las urnas, el próximo domingo en el Referendo Constitucional; otros entenderán como un hastío la expresión, porque la población está saturada de tanta propaganda a favor de una sola idea, cuando la pregunta de aceptación de la nueva Constitución supone escoger entre dos respuestas.

Aunque el silencio del joven dé margen a la duda, sí conozco a muchas personas que no callan sus criterios, y han expresado o descrito por múltiples vías, la gran manipulación, al crudo estilo de una campaña electoral, que hemos vivido en torno al ejercicio de Referendo Constitucional. “Al fin…” puede significar muchas cosas: el joven votará sí “Por la Revolución, por el Socialismo y por Cuba” como dicen los carteles que proliferan en las calles, en las fachadas de los centros de trabajo, en las vallas que “adornan” la ciudad, en las pegatinas y letreros lumínicos de los medios de transporte, y hasta en los comprobantes de pago de las tiendas recaudadoras de divisas. Seguro se me queda algún otro insólito sitio donde fue colocado un “Yo voto Sí”. También puede significar que “Al fin…” termina esta etapa que comenzó a mediados de 2018 y que ha invertido todos los recursos y espacios necesarios para el predominio de una sola idea, -nada extraño en Cuba-. Puede representar el cansancio, aborrecimiento, la confirmación de que para ser democráticos no basta con escuchar el criterio de todos, sino incluirlo realmente en cualquier propuesta de futuro, sin acomodos ni discriminación ideológica.

Entiendo, es notable, no es la primera vez, que se espera terminar una etapa que ha provocado tanto desgaste mediático y tanta represión. Una etapa en la que el gobierno cubano articuló, quizá por primera vez, y en correspondencia con el estilo de trabajo del nuevo gobierno, una campaña digital férrea, potenciando el acceso de los funcionarios públicos, dirigentes de organizaciones de “masa”, cuadros del Partido y del gobierno, a las diferentes redes sociales; pero no para ejercer su derecho humano a la libertad de expresión, sino para replicar, al unísono, la idea preconcebida, establecida “desde arriba” e imposible de contradecir: el Sí.

En todo este tiempo hemos visto manipulaciones de todo tipo: la propaganda que es el fuerte de los gobiernos que centran su gestión en el control a través de los medios y en la búsqueda de un enemigo que justifique los límites y problemas del camino; el descrédito al que piensa diferente, que en este caso es tan sencillo como aprobar una de las dos opciones de respuesta, el No; hasta la “casualidad” de colocar en la boleta del Referendo el Sí sobre el No, y no establecerlos a la misma altura, como para al menos indicar que representan, ambas, opciones válidas. Hace pocos días he escuchado, incluso, un criterio desacertado y ofensivo contra nuestros obispos católicos, que han emitido dos Cartas Pastorales, la segunda de ellas acercándose la fecha decisiva, para convocar a votar en conciencia de acuerdo a unos puntos clave, que no fueron tenidos en cuenta tras múltiples debates. Los cuatro puntos prioritarios que sugieren tener en cuenta, primordialmente, el episcopado cubano, son: la sustentación ideológica de la Constitución, que excluye cualquier otra forma de realización humana diferente al socialismo o comunismo; la concepción que se tiene del Estado laico; la concepción sobre la familia, el matrimonio y la educación ciudadana; y la proyección de la economía al servicio verdadero del bien común.

Yo también expreso “Al fin”, pero lo argumento. Al fin llega el día en que el ejercicio ciudadano puede ejecutarse a través del silencio de una cruz sobre un papel en la opción que dicte la conciencia, teniendo en cuenta que no es un nombre por el que se vota, o una proclama, o un juramento, sino el documento magno que regirá el destino de Cuba y de su pueblo. Al fin el 24 sabremos, o no, qué porcentaje de la población cubana defiende la idea de un solo partido, de una sola ideología, del control de los medios de comunicación por el Estado. Al fin podremos comprobar si en nombre de la democracia son revelados los verdaderos resultados. Al fin pondremos término a un ejercicio ciudadano que ha consumido tiempo, energías, que ha puesto al descubierto sentimientos, que ha revelado que mientras hay cubanos que aún continúan afianzados al paternalismo de Estado, hay quienes con cabeza propia, (y son cada vez más) deciden alzar la voz para recordar que un día, cuando todo parecía monocolor, alguien enarboló, en nombre de la libertad, otra alternativa.

Tengo fe, obviamente, en la capacidad del ser humano para seguir los pasos de la conciencia. El pueblo de Cuba ha padecido demasiado. Este ejercicio de Referendo Constitucional fue impensable en otros tiempos. En correspondencia con estas ideas, quizás muchos puedan decir No desde el silencio de una cabina, y en la complicidad con el papel y el lápiz. Tan solo un pequeño número de No, da esperanza para creer que existen hombres a quienes todavía el totalitarismo no le ha tocado el alma, ni bloqueado el pensamiento. Confío en que estos días, y hasta el último momento, pensemos en la trascendencia de nuestra decisión. Al menos estaré tranquilo de haber votado en conciencia, y poderle contar a mis hijos y nietos que en 2019 ejercí, libremente, mi cuota de soberanía ciudadana.

 


  • Yoandy Izquierdo Toledo (Pinar del Río, 1987).
  • Licenciado en Microbiología.
    Máster en Bioética por la Universidad Católica de Valencia y el Centro de Bioética Juan Pablo II.
    Miembro del Consejo de Redacción de la revista Convivencia.
    Responsable de Ediciones Convivencia.
    Reside en Pinar del Río.

 

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