Jueves de Yoandy

Democracia: libertad e inclusión

Yoandy Izquierdo Toledo | 11 Octubre, 2018

La democracia es el comportamiento ético, cívico y político que se interpone entre todo tipo de autoritarismo y anarquía. Consiste en tomar decisiones y ponerlas en práctica después de haber consultado a los demás y haber contado con su participación real tanto en la decisión como en la ejecución y evaluación de cada una de las actividades que se desarrollen (Cf. Curso 3, tema 10, Democracia y participación cívica y política. Ética y Cívica: Aprendiendo a ser persona y a vivir en sociedad). También podemos recordar aquello de que “la democracia como el peor de los gobiernos con excepción de todos los demás”, como jocosamente dijera Winston Churchill.

El término democracia, que viene inevitablemente unido a libertad, es una de esas palabras que necesitan ser explicadas exhaustivamente y que, en la mayoría de los casos, le ponen apellidos.

Haciendo un breve análisis histórico recordamos que según algunos historiadores la primera democracia fue la de Atenas, que fue criticada por muchos dado que solo era para los ciudadanos libre y excluía a los esclavos. La democracia es democracia si no conlleva exclusiones. Otros estudiosos se refieren a que en la actualidad solo puede ejercerse la democracia de manera representativa, ya que solo es eficaz en pequeños grupos… pero inmediatamente surgen los que dicen que la democracia representativa no es tal, porque los que son elegidos no representan siempre, ni bien en muchas ocasiones, a sus electores. No han faltado quienes han hecho críticas severas a la democracia “capitalista o socialista”, catalogando de falsa y manipulada, una u otra. También ha habido quien apellida a la democracia como cristiana, como liberal, como nacionalista, etc. Y ha habido, al mismo tiempo, quien ha puesto en tela de juicio la confesionalidad, la excesiva ideologización, el populismo de algunas democracias.

Algunos prefieren hablar de democracia formal para definir aquella en que solo es posible participar en las decisiones superficiales, y la contraponen a la democracia sustancial en que se puede decidir sobre lo fundamental.

Últimamente escuchamos profundizar en el concepto de democracia participativa para definir aquella en que la participación de los ciudadanos en los diferentes sectores sociales, políticos, culturales y económicos es la medida de la autenticidad del sistema democrático.

Sin embargo, podemos decir que la democracia necesita tantos apellidos para definir lo que casi nunca llega a ser, por una razón: para que exista una auténtica democracia, lo primero y principal es la necesidad de que existan verdaderos demócratas.

Según datos de Freedom House, en 1974 existían 35 países en democracia; en cambio, en 2015 la cifra aumentó a 135, de los cuales 86 países se pueden considerar con democracias verdaderas y el resto, es decir, 49, se corresponden con países que presentan regímenes democráticos parciales. En los últimos 40 años se han producido de 120 a 140 intentos para establecer la democracia a nivel mundial. ¿Qué lugar ocupa Cuba en este arduo camino? ¿Es consciente el pueblo y gobierno cubanos sobre qué significa vivir en democracia? ¿Propiciamos desde nuestros núcleos familiares, desde nuestros ambientes de trabajo en la sociedad civil y en la comunidad en general un estilo plural, abierto, incluyente y democrático?

Elementos esenciales a la democracia

El tema de la democracia sigue siendo muy debatido en nuestros días en todas partes, aunque existen focos de atención en Latinoamérica, entre los que se encuentran Venezuela y Cuba. Cada vez el concierto de voces que se alzan en defensa de la democracia es más universal. Es más estable el impulso que se le brinda a los procesos democráticos. Luego del año 1989, son muchos los “muros” que se han derrumbado y dejan ver, claramente, la esencia de las llamadas “democracias populares”.

Por otra parte ya conocimos las deficiencias de las llamadas democracias occidentales, las manifestaciones de su corrupción, de su manipulación y de su inestabilidad que, tras otros “muros” ideológicos y de propaganda, ocultaban los abismos de pobreza en que estaban sumidas. Tan reductivo es el concepto de democracia sin desarrollo social y económico, como el concepto de democracia sin libertades civiles y políticas.

La democracia como todo proceso social dinámico está en constante cambio y cuestionamiento: unas veces, cambios para el perfeccionamiento, otras para el deterioro, unas veces para crecimiento de la conciencia ciudadana que lleva a una mayor participación, y otras veces, para una mejor articulación de las estructuras estatales que permiten un mayor protagonismo cívico.

En la ya lejana VI Cumbre celebrada en Santiago de Chile y Viña del Mar los días 10 y 11 de noviembre de 1996, como parte de su Declaración Final los países asistentes expresaron: “Un triple desafío: la promoción y consolidación del desarrollo económico y social sostenido y sostenible; la profundización, ampliación y consolidación de los procesos de integración regional; y su inserción en un mundo en profunda transformación” (Declaración de Viña del Mar. No. 3).

Según la misma Declaración, en su epígrafe 4, se establecen los siguientes elementos, que sirven para evaluar nuestros respectivos procesos democráticos:

  1. La independencia de poderes y su mutuo control.
  2. La adecuada representación y participación de mayorías y minorías.
  3. Las libertades de expresión, asociación y reunión.
  4. El pleno acceso a la información.
  5. Elecciones libres, periódicas y transparentes de los gobernantes.

Estos cinco elementos fundamentales, nos servirán de base también en Cuba para poder acercarnos lo más objetivamente posible al estudio de la democracia.

 


Yoandy Izquierdo Toledo (Pinar del Río, 1987).

Licenciado en Microbiología.
Máster en Bioética por la Universidad Católica de Valencia y el Centro de Bioética Juan Pablo II.
Miembro del Consejo de Redacción de la revista Convivencia.
Responsable de Ediciones Convivencia.
Reside en Pinar del Río.