Código de Ética del CEC

CAMINO ÉTICO DEL CENTRO DE ESTUDIOS CONVIVENCIA

El Centro de Estudios Convivencia reconoce la importancia trascendental de esta declaración de principios o código de ética para el presente y el futuro de Cuba. Fue aprobado y publicado el 25 de febrero de 2015, en el 162 aniversario de la muerte del Padre Félix Varela, “el primero que nos enseñó en pensar”. Invitamos a reproducir, distribuir, estudiar y debatir este “camino ético” consensuado por personas de las más diversas corrientes políticas, filosóficas y religiosas, que han participado, en el ámbito del Espacio Abierto de la Sociedad Civil Cubana, en el proceso de estudio y enriquecimiento de estas matrices de eticidad con el propósito de dar nuestro aporte a la edificación de un porvenir para Cuba que crezca enraizado en el más pleno humanismo.

Consejo Directivo del Centro de Estudios Convivencia

El Centro de Estudios Convivencia, como parte de la sociedad civil cubana, considera que toda opción moral es una decisión estrictamente personal e intransferible, alejada de toda imposición. Reconocemos también que, por su carácter relacional, los ciudadanos buscan socializar e insertarse en comunidades que han recibido un humus sedimentado con valores y virtudes conocido como el ethos comunitario, sea familiar, grupal, nacional o internacional. Al consensuar un camino ético renunciamos a una moral dogmática, solo prohibitiva, de la frivolidad o el libertinaje. Optamos por una ética dialógica frente a una moral autoritaria, una ética que vincule intrínsecamente libertad y responsabilidad. Proponemos educarnos para asumir, en nuestros principios y en nuestras actitudes, el siguiente camino ético, enraizado en lo mejor de la herencia cultural cubana:

  1.  Reconocemos que la persona humana es y debe ser el principio, el centro y el fin de toda institución, la protagonista de su propia historia o proceso histórico. La persona humana no es un medio, ni puede ser un objeto en manos de otros, por tanto no debe ser manipulada para experimentos científicos, sociales, políticos ni económicos. Creemos que todos los seres humanos somos iguales ante la ley y diversos por sus capacidades y opciones personales.
  2. Debemos fomentar la coherencia entre lo que se cree, lo que se dice y lo que se hace.Todo compromiso personal, cívico y político, debe estar indisolublemente avalado por un comportamiento ético sin el cual toda acción individual o comunitaria pierde valor y sentido.
  3. Cuba, es decir, la Nación, entendida como la comunidad de todos sus ciudadanos en la Isla y en la Diáspora, su felicidad, libertad, su progreso y bien común, es la inspiración y el fin de toda acción cívica y política, desterrando intereses espurios. Consideramos que el sentido y el fin de nuestro compromiso ético para Cuba es la construcción en nuestro País de una convivencia pacífica, fecunda y próspera, más que una simple coexistencia de los diferentes o adversarios.
  4. Optamos por los métodos pacíficos y la búsqueda de las soluciones no violentas tanto de los conflictos nacionales e internacionales, como de nuestras relaciones interpersonales. Optamos por el respeto absoluto de la vida humana y nos pronunciamos en contra de toda violencia y de la pena de muerte.
  5. La discrepancia de opiniones y el debate político, científico y humanístico, no deben dejar lugar a los ataques personales o grupales, ni a las descalificaciones denigrantes, ni a las difamaciones.
  6. Creemos que el tener, el saber y el poder son para servir y que sin instituciones ágiles y honradas no hay gobernabilidad posible. Tenemos la convicción de que sin soberanía ciudadana no hay progreso, ni articulación, ni primacía de la gobernanza de la sociedad civil como interlocutora válida. Siendo la corrupción, la mentira, el populismo y el excesivo interés material, los principales enemigos del civismo en el mundo de hoy, como parte de la sociedad civil cubana rechazamos estos males y optamos por la transparencia, el servicio a la verdad y la primacía de los valores espirituales.
  7. Buscamos una ética de mínimos en una sociedad plural, acordados mediante un proceso de construcción de consensos. Reconocemos como únicos medios éticos para alcanzarlos los procesos de diálogo y negociación. Por tanto, creemos que una ética de mínimos debe surgir de un diálogo que desemboque en acuerdos de consenso, mientras que de las negociaciones deben surgir los pactos específicos, que deben ser observados y cumplidos por las partes.
  8. Una ética cívica de mínimos consensuados, es ya un logro de la humanidad pluralista. Su base es la dignidad plena y suprema de la persona humana, que se logra con el reconocimiento, la educación y defensa de todos sus Derechos para todos, proclamados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos acordados por la ONU en 1948 y en los Pactos de Derechos Civiles y Políticos; Económicos, Sociales y Culturales, que hacemos totalmente nuestros como inspiración y fundamento de nuestro programa ético.
  9. Nos adherimos a los tres valores fundamentales que resumieron los mejores anhelos de la humanidad: libertad, igualdad y fraternidad, y a sus correspondientes derechos. Los derechos llamados de primera generación exaltan el valor de la libertad: son los derechos civiles y políticos; los de segunda generación exaltan el valor de la igualdad: son los derechos económicos, sociales y culturales, así como los derechos de tercera generación exaltan el valor de la fraternidad universal y el cuidado de la madre naturaleza, como el derecho ecológico a un equilibrio sano del medio ambiente y el derecho a un mundo en paz.
  10. En consecuencia, deseamos optar por: la inclusión y la participación democrática, la autoridad moral y no el autoritarismo, las propuestas y no las recetas, las ideas, más que quien las dice, los programas y no solo los líderes. La unidad en la diversidad y no la uniformidad. Las convicciones racionales y no los fanatismos. La despenalización de  las discrepancias y no las intolerancias. La descentralización y la subsidiaridad deben sustituir al centralismo y al totalitarismo. La ética debe primar sobre la técnica y la ciencia. El compromiso debe ganar a la indiferencia. Optamos por la eticidad de la política y de la economía, de la convivencia nacional y de las relaciones internacionales.
  11. Este compromiso ético debe concretarse en actitudes y en acciones proactivas para sanar el daño antropológico y superar el analfabetismo cívico y político, presentes en nuestra sociedad, con un trabajo sistemático de empoderamiento ciudadano. Como rechazamos toda imposición moralista creemos que la educación es el único camino válido. Por eso orientamos nuestros esfuerzos hacia una educación liberadora de nosotros mismos y de toda alienación, para así poder dar nuestra contribución a la educación ética y cívica de todos los cubanos, inspirada en los Derechos Humanos y sus correspondientes Deberes Cívicos.
  12. Los activistas cívicos y los políticos, o los intelectuales, no deberían ser moralizadores de la sociedad sino referentes de una eticidad compartida. Ser elegido para representar no confiere autoridad moral sino compromiso político sometido al escrutinio y a la voluntad ciudadana. Creemos en la representatividad como servicio a la sociedad. Esta representatividad debe ser producto de la elección ciudadana y limitada por el tiempo y la alternancia. La ética cívica la elige y asume cada persona y a la comunidad le corresponde conocer, educar, promover y custodiar el humus cultural de la nación abierta a lo universal y edificada sobre los grandes valores de la verdad y de la libertad, de la justicia y del amor.

Al adoptar este camino ético, el Centro de Estudios Convivencia desea identificar sus raíces en la eticidad de nuestros padres fundadores. La enseñanza del Apóstol José Martí nos recuerda que: “Por el amor se ve, con el amor se ve, es el amor quien ve”. Creemos en la amistad cívica y en la reconciliación en que debe desembocar aquella justicia que el Maestro José de la Luz y Caballero llamó ese “sol del mundo moral”. En fin, compartimos la convicción del Padre Félix Varela que nos enseña que: “No hay Patria sin virtud, ni virtud con impiedad”.

25 de febrero de 2015

162 aniversario de la muerte del Padre Félix Varela